Tramo / Stretch 2

La necesidad de soñar

Al comienzo de este blog les hablaba de Saturno. Para quienes no saben de que se trata recomiendo la lectura del Tramo 1. El caso es que Saturno fue fuente de inspiración para mí.
En su mundo, lo cotidiano y lo fantástico se entrecruzan estableciendo unos espacios enigmáticos donde, a través de la insistencia de los sueños, los hechos encuentran caminos que pueden conducirlo tanto a la serenidad como al extravío. Lo que para cualquier mortal plantea una cuestión de azar, para Saturno no lo es. Para él ambas situaciones son afines, incluso concluyentes.
La necesidad de soñar es de mayor trascendencia que la que en nuestros días se le asigna. La historia de la interpretación de los sueños data del año 3000-4000 A.C. Se dice que las personas de sociedades primitivas eran incapaces de distinguir entre la realidad y el mundo de los sueños. No solamente veían a éste como una extensión de la realidad, sino que también para ellos, el reino de los sueños era un mundo más poderoso.
Siempre vi en Saturno a un ser primitivo, no erosionado, limpio. Un tipo de otra época. Un ser en libertad. En contraposición, los hombres de hoy se me figuran terriblemente frágiles, prisioneros en una celda por ellos mismos construida, necesitados de límites, lo que es un atroz sinónimo de inseguridad.

Para perderse por ahí es necesario soñar. El mundo de los sueños puede verse como un lugar real al cual el espíritu y el alma van a visitarnos, proponiéndonos un camino infinito por seguir hacia nuestro destino.

Prescindiendo de lo prescindible

Soy un viajero minimalista. Llevo lo menos posible. Lo que parece un capricho es una necesidad cuando se decide hacer la vida en un viaje y no un viaje en la vida. Si es necesario itinerar sin tiempo no es aconsejable hacerlo con la casa a cuestas.
Pero la tendencia a acumular cosas inútiles es un mal de la era del consumo a la que es difícil decir no. Los seres comunes adquieren y usan; cada vez más lo primero y menos lo segundo. Se está más tiempo detrás de un objeto que delante de él.
Para el viajero perdido resulta todo lo contrario. Encuentra sin buscar y toma lo que hay a su paso, descartándolo tras su aprovechamiento.
“Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero” decía Antoine de Saint-Exupery. Con algunos viajes de experiencia se llega a la conclusión de que una pequeña mochila alcanza para meter lo imprescindible dentro, pero no falta quien viaja sin mochila.

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