De Buenos Aires a Río Cuarto

El sábado 18 de enero de 2014 a las 8:15 de la mañana mi amigo Germán pasó por casa a buscarme para llevarme hasta Villa María, buen acercamiento a mi primer destino, la ciudad de Río Cuarto, ya que con su hija y un amigo y su familia salían de vacaciones hacia la provincia de Córdoba. Los 570 kilómetros que recorrimos, además de marcar el inicio del Camino fueron la oportunidad para una larga charla en la que quedaron claras las distancias que separan las vacaciones del nomadismo.

Almorzamos sandwiches de jamón y queso en el pueblo de Tortugas, en el límite entre las provincias de Santa Fe y Córdoba. La temperatura pasaba los 40 grados al mediodía y el viento era un caloventor polvoriento. Llegamos a Villa María pasadas las 3 y nos despedimos en una estación de servicio tras lo que fueron los primeros 570 kilómetros del Camino a Veritvania.

Comencé a caminar hacia el centro de Villa María, distante no más de dos kilómetros, pero el hedor se hacía insoportable. Tomé las primeras fotos y me comuniqué vía skype con mis hijos para ver como estaban y mostrarles la plaza. Mi amigo Oscar me esperaba a 130 kilómetros más allá y un mensaje de él me alertaba que la tormenta ya había llegado a Río Cuarto y que había bajado considerablemente la temperatura. Era de esperar que el alivio se acercara a mi y las nubes aparecieron, junto a un viento polvoriento que trajo la lluvia.

Refrescar era una bendición, pero era complicado seguir camino, hacer dedo, bajo un diluvio con truenos y relámpagos. Intenté en los intervalos que la lluvia cesaba pero el chaparrón más largo trajo suerte. Refugiado bajo un techo vi como un auto se acercaba y desde la ventanilla a medio abrir una mujer me preguntó si sabía como salir hacia Río Cuarto. Le dije gritando “¡yo voy, ¿puedo subir?! Y ante el si me zambullí en el asiento de atrás. En dos horas y con fin de lluvia llegamos a destino.

Mi teléfono se descargó en el camino y eso complicó las cosas. No había anotado en ningún papel la dirección de mi amigo Oscar, solo recordaba que me había dicho que era una casa azul cinco cuadras atrás del hospital, a la que llegué preguntando.

La alegría del encuentro con alguien que consideras amigo pero solo conoces del mundo virtual precedió a una rica cena: Milanesas con arroz venezolano y ensalada de repollo. Cerveza con naranja al estilo cordobés y melón y café de postre. Charlamos un buen rato hasta la hora del descanso. había hecho más de 700 kilómetros en el primer día del Camino a Veritvania.

El domingo fue integramente un dia hogareño. Oscar y su mujer Ariadne, venezolana ella, me ofrecieron en todo momento una hospitalidad genuina, almorzamos, charlamos y cenamos ya con la visita de Mauri y María Virginia, ambos hijos de Oscar, ella acompañada de Fernando y su hija Alué. Habían pasado ya dos días enteros de viaje, casi sin darme cuenta.

Hoy lunes era ya tiempo de salir a descubrir la ciudad de Río Cuarto. Mauri se ofreció a ser mi guía y con él caminamos mañana y tarde, por el río con sus siete puentes, el centro donde se levantan números edificios en altura y El Andino, el sector donde está la estación de ferrocarril por la que ya no pasan trenes. Todo ese recorrido se puede ver en el video que acompaña esta entrada.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sergio Gabriel Abeledo dice:

    A seguir rodando, muy bueno.

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