De Arequipa a Formosa

La semana más dura de la primera etapa del camino a Veritvania la pasé en Arequipa. A una diarrea y una gripe molestas se le sumó el rbo del celular en el hostel, en el primer lugar que había pagado alojamiento en busca de una supuesta “seguridad”. No fue todo ello sino haber hablado con mis hijos por teléfono lo que me impulsó a sentir la necesidad de volver a casa y re programar el camino a Veritvania en etapas de dos o tres meses por año, si la vida me lo permite. Por lo tanto el itinerario cambió pero no la forma de viajar, sin dinero, a dedo y durmiendo y comiendo de acuerdo a la solidaridad de la gente. Perú fue un tramo difícil, pero no debo olvidar que en otros viajes fue un placer recorrer sus pueblos.

De arequipa siguieron Juliaca, Puno y Desaguadero, en la frontera con Bolivia. Ya en este país hermano las escalas fueron el Alto de La Paz, Oruro y Villazón. Pero llegar a La Quiaca esta vez no fue volver a casa, sino retomar hacia Formosa con destino Paraguay. Esos kilómetros a dedo por la quebrada de Humahuaca y la ruta 81 me devolvieron el espíritu viajero, el gozar los horizontes y el olor a hierba, ya lejos del desierto y cerca del monte, con el corazón entre las manos latiendo fuerte y la sonrisa entre los labios. Así me recibió Formosa y así me despedí.

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