De Gualeguaychú a Trinidad

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Tras pasar el año nuevo en Gualeguachú era tiempo de continuar Camino a Veritvania. Mi amigo Jorge me dejó en un buen lugar para hacer dedo, a unos kilómetros de la salida de Gualeguaychú, previo paso por el supermercado, donde gasté toda la plata argentina que tenía, unos 120 pesos. Compré galletitas dulces y saladas, atún, paté, vino, yogurth y sopa en polvo. La idea era no gastar un solo peso en mi paso por Uruguay, así que estas provisiones resultaron importantes.

El día se presentó inmejorable, sin nubes pero con sol suave y una brisa fresca. Esperé pocos minutos en la banquina, hasta que una chica uruguaya que iba a Fray Bentos me levantó y me dejó en el puente internacional. Hice la entrada a Uruguay como peatón antes de las 11 de la mañana, y decidí caminar por la ruta 2, que va a Montevideo, y tiene a sus costados sombras bien parquizadas que invitan al camping libre. La primera ciudad, Mercedes, está a casi 40 km, una distancia interesante para hacer a pie, sin apuro, adentrándose en un nuevo país poco a poco.
En el cruce de las rutas 2 y 24 hay un parador de camiones al lado de una estación de servicio Ancap, con baños 24 hs y wi fi. El sargento Muller, a cargo de la comisaría que se halla cruzando la ruta, me hizo pasar, calentó agua y me preparé una sopa. Me pidió las botellas para dejarlas en el freezer y de esta manera partir a la mañana con algo frío y pasé la noche ahí, con la carpa armada bajo unos árboles. Fue una noche fresca y reparadora.
Desperté pasadas las 7, con el sol saliendo. Desarmé la carpa, recogí el agua y el vino congelados y me despedí. Cerca nomás en un parador contiguo me di una ducha fría en un baño abierto limpio y volví a la Ancap, para conectatme al wi fi y servirme agua caliente gratis para prepararme un te, mientras cargaba el celular. Todos estos servicios públicos y gratuitos y las muestras de hospitalidad, hacían suponer que facilita el Camino por el interior del Uruguay. Solo 5 minutos de dedo bastaron para que una trafic me llevara a Mercedes. Me dejó cerca del centro, pequeño y limpio, con las calles embaldosadas incluso para los autos. Seguí caminando al río donde encontré con una playita hermosa para pasar la tarde del sábado. Gente de todas las edades disfrutando una hermosa costanera.
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Cuando el sol caía me fui a hacer dedo a la salida hacia el este, con la idea de avanzar 70 km hasta José Enrique Rodó, pueblo en honor al escritor que fuera tío de mi abuelo José Ramón Llusá Rodó. En Uruguay para esta época del año oscurece pasada las 9, por lo que el sol de las 6 aún pega fuerte. Caminé entonces unos mil metros hasta el primer árbol que diera sombra en la banquina.
Lo malo era que estaba en una lomada con poca visibilidad, en la que los autos pasaban a gran velocidad y los camiones tenían poco espacio para detenerse. Pero era preferible esperar un poco mas a la sombra que menos al sol. Las secuelas de la tarde en la playa se sentían en la piel. Una hora despues Gustavo, un camionero que iba a buscar troncos de ucaliptus paró por mí. Dudé en decirle que me deje en Rodó o seguir con él, ya que tomaría el desvio a Durazno, que era mi siguiente destino previsto, pero finalmente me dejó en Trinidad, con la última claridad del día y por consejo de él, ya que la capital del Departamento de Flores tiene un parque hermoso con lago incluido y todos los servicios de un buen camping, pero gratuito.
Cuando vi el lugar no lo dudé y decidí establecerme un par de días para poner todo en orden y reponer energías.image

Al otro día, Domingo 4 de enero, desperté a las 9 con sol, pero bajo lo espeso de los árboles no daba en la carpa. Preparé sopa para desayunar con agua caliente que me dio una familia de Paso de Los Toros, y tras el desayuno me duché. Salí a recorrer el camping y tomar fotos, para almorzar temprano una lata de atún con galletitas.
Poco después colgué la hamaca con el plan de dedicar la tarde al descanso, pero llegaron tres chicos en moto y nos pusimos a conversar. Fito, Rolo y Jorge, prepararon unos choripanes y me invitaron a comer y tomar unas cervezas, y con ellos compartí la tarde.
Trinidad es un pueblo moderno, seguro, agradable, donde la calidad de vida es superior a muchas ciudades de renombre.

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