De Pelotas a Gramado

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El sábado almorcé en casa de los padres de Paulo y hablamos de viajes con la madre. Después volvimos al apartamento y aproveché la tarde para planificar los próximos pasos del viaje, decidiendo ir hacia Porto Alegre y la sierra Gaúcha, antes de ir a la costa.
El domingo preparé la mochila con calma y partí a las 11 hs. Paulo me acompañó a tomar el bus hacia la salida de Pelotas, que costó 2,75 reales y fue el primer transporte que pagué desde el primer día del viaje. Me despedí de mi amigo con la sensación de volvernos a ver pronto, y media hora más tarde ya estaba en camino otra vez, haciendo dedo en la BR 116 rumbo al pueblo de São Lourenço do Sul, que tiene playa de agua dulce en la laguna de Los Patos.
Una pareja mayor que allí iba a pasar la tarde del domingo me levantó tras poco más de una hora con el pulgar en alto. El sol del mediodía era muy fuerte y el reflejo me provocó ardor en los ojos.
São Lourenço es muy bonito, colonial, con playas muy bellas de agua dulce, a las que miles de personas se habían acercado a tomar sol o darse un baño. Un viejo galeón hace paseos por la laguna dando una imagen de puerto de piratas. Es una réplica en homenaje a los 150 años de la colonización alemana pomerana. Pasé la noche con la carpa armada detrás del Banco do Brasil.
El lunes al mediodia salí a hacer dedo. Hasta la BR116 me llevó un auto, pero en el empalme no había ninguna sombra. Caminé hasta el primer parador donde descansé hasta que bajara el sol. Ahí hice dedo un par de horas, hasta que Héctor me llevo, en dos etapas, hasta Canoas, en la periferia de Porto Alegre. En la primera fueron unos 160 km, luego él se desvió unos km para hacer un tramite personal mientras yo me duchaba en un posto Ipiranga y luego volvió para recogerme y hacer otros 60 km a destino.
Me dejó en la estación del tren, que tomé hasta el aeropuerto. Eran las 9 de la noche y necesitaba un lugar seguro para conseguir un baño, wifi y descansar.
Con internet me conecté con mi amigo Francisco Molina Bom, quien enseguida me invitó a su departamento y me indicó como llegar.
Pase tres días en Porto Alegre, una ciudad completa, desigual, una metrópoli de tres millones.
Junto a Francisco conviví con Diego y Camila, dos argentinos que también andan por acá. Compartimos gastos de comida, que fueron 10 reales en los tres días, más algunas invitaciones del anfitrion, como un buen tannat uruguayo y una pizza.
Los gaúchos son orgullosos, marcan contínuamente sus diferencias con el resto de Brasil. Se nota y mucho la ascendencia alemana y en menor medida la italiana, y demás está decir de las similitudes con los argentinos, que incluyen el gustopor el mate.
Urbanísticamente la ciudad es un buen ejemplo de modernidad,  planificada, con numerosas autopistas y peatonales, parques y centros comerciales. Una ciudad relativamente segura para recorrer.
El viernes por la mañana partí hacia el norte, en tren por 1.70 reales hasta Novo Hamburgo, el final de la línea.
NH es atractivo, con calles empinadas y lujosas torres de departamentos, y posee un centro histórico con encanto alemán de principios de siglo veinte.
Dudé en quedarme a pasar la noche, pero las ganas de conocer la sierra pudieron más. Como Novo Hamburgo es muy grande, tome un bus a Dois Irmãos, para hacer dedo ahí. Costó bastante salir, unas dos horas, que mas otras dos de viaje hicieron que llegara a Nova Petrópolis a media tarde. Éste es un pueblo muy agradable, autodeniminado “el jardín de las sierras” con miles de flores y un bello parquizado que hacen honor a la denominación. Di unas vueltas de paseo, y otras para buscar donde acampar. La mayoría de las casas estaban abiertas de par en par y no había policías, lo que da idea de seguridad. Finalmente di con la Brigada Militar, pedí lugar para acampar allí y lo hice en la canchita de futbol del predio.
La mañana siguiente, sábado, la dediqué a tomar fotos y recorrer, hasta que pasado el mediodía seguí por la ruta para hacer dedo. En menos de una hora paró un muchacho que iba a Canela, así que hasta allí fuimos, pasando por Gramado.
Labelleza natural de estos parajes, sumado al encanto de la parquización, el cuidado del medio ambiente y la sofisticada arquitectura centroeuropea hacen de Gramado y Canela un lugar como pocos en América, punto de partida para numerosos paseos y atracciones.
Dormí en carpa en un terreno abandonado, entre hortensias y araucarias, con sueño tranquilo pese a la llovizna.
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Canela es chico, se destaca su catedral de piedra y la amabilidad de su gente, que me ofreció cafe y charla.
Gramado es uno de los principales destinos turisticos de Brasil, con un lujo no visto en Argentina, con detalles extravagantes y muchos turistas, lo que no impidió pasar un buen rato con Tatiana y Lenir, dos comerciantes de pleno centro con quienes compartí un poco de Camino a Veritvania.
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