De Curitiba a Jaguariúna

image Salí de Curitiba en un omnibus hasta Campina Grande por 3.40 reales y caminé unos 8 km hasta un Posto enorme junto a un restaurante cerca del empalme con la br 101. Me duché allí en los baños públicos más lujoso que vi en mi vida, quizás junto a los de Gramado. Antes de ir a hacer dedo fui a cargar agua helada en mi botella, y me puse a conversar con un chofer que también cargaba agua. Era Marcelo, que hacia San Pablo pero no me podía llevar porque su camión, monitoreado, no le permitía abrir la puerta derecha. Pero finalmente decidió hacerme pasar por la izquierda y me llevó unos 100 km hasta un puesto de la policía rodoviaria federal en el que la autopista estaba cortada por accidente. Una fila de camiones enorme era mi oportunidad para conseguir carona hasta San Pablo, ya que Marcelo solo avanzaría un poco más. Alli fue que conocí a Juan, un camionero de 59 años que se definió como casi analfabeto, pero en el que percibí esa inteligencia, cultura y buena intención que da el haber caminado tanto. Juan me llevó hasta San Bernardo do Campo a pura charla amena, risas, y me dejó un panorama mas claro de todo el Brasil del centro norte y nordeste que tengo por delante. La cuestión es que llegamos a un patio de camiones a las diez de la noche, a la tercera ciudad mas grande del mundo y sin tener la dirección de Liz, que me esperaba para darme albergue en su casa. Esa adrenalina y sensación de plenitud que dan esas situaciones me hizo sentirme muy bien por días, en la semana que estuve en San Pablo y cercanías. Logré comunicarme con Liz y fui para su casa, en la que estaba con sus hijos y su amiga Janaína, también viajera aventurera. ALMAS VIAJERAS EM SÃO PAULO image Liz Rodrigues y su hijita Mel acaban de llegar de un viaje a dedo hasta el Aconcagua, en Argentina. Una madre que viaja con su hija en sus Doces Aventuras (Aventuras Dulces) nos enseñan que no hay límites para realizar todo aquello que soñamos, y que lo importante es dar el primer paso. Janaína Rocha hace unos días llegó de una vuelta de nueve meses por once estados de Brasil, Un día se le acabó el dinero y, dice, ahí empezó su mejor viaje. Y ya está planeando para marzo ir a Bolivia, Perú y más allá. Tengo la suerte de compartir mi estadía en esta urbe con ellas tres, de entrecasa, compartiendo sueños que el camino volverá vida Camino a Veritvania. Recorrimos parte de la enorme ciudad y me quedé con la sensación de que conocí lo esencial pero quedó mucho pendiente. Fueron días de feriados de Carnaval y la ciudad estaba casi dormida. Al cuarto día mudé para la casa de Juan, amigo colombiano que enseña portugués en esta ciidad y está escribiendo una novela, para salir de San Pablo un mediodia en tren hacia Jundiaí, para seguir a dedo la misma tarde hasta Louveira. En este pueblo sosegado viví mi noche decarnaval, con alegre desfile. Dormí en un cuarto vacio en el posto del pueblo, y a la mañana siguiente hice dedo hasta Campinas, lo que llevó varias horas. Cansado, en esta ciudad enorme del interior paulista tomé un omnibus hasta Jaguariúna, distante unos30 km, donde intenté pegar caronaen tren carguero sin suerte. Tras un diluvio llegué a un posto sobre la ruta donde pasé la noche trascenar dos veces por sendas invitaciones de amigos del camino.

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