VIAJAR POR BRASIL

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Tres meses en la vida de una persona es muy poco, el 0,5% de la esperanza de vida. Al entrar a Brasil  tenía la esperanza de llegar a la punta del mapa y llegué, con muy poco. Ahora el mapa se acabó y eso no es problema. El problema sería vivir sin esperanza.
Si cada uno se pone a pensar que hizo en los últimos tres meses, algunos estaremos agradecidos a la vida. No siempre será así, yo también he vivido de esos meses anodinos, muchos.

Ahora miro hacia el este y no veo nada, y a la vez veo el Mundo que sigue poniendose en mi camino, aunque ahora sea de agua, o aire. Me doy cuenta de que acabo de llegar a la punta de la Tierra.
Si miro para atrás recuerdo mil paisajes y rostros, un nuevo lenguaje mío y los sabores que nunca había imaginado. Me pregunto entonces que será el después de eso, eso que antes llamaba futuro y ahora gusto llamar camino.
La respuesta se sabrá andando.

 

HABLAR EN PORTUGUES

Digo que cuando entré a Brasil sabía muy poco de portugués, por no reconocer que no sabía nada. En la primera ciudad leí frango, y al preguntar qué era, resultó ser pollo. Las primeras conversaciones fueron en portuñol y preferiblemente con quienes sabían algo de castellano. Poco a poco fui incorporando palabras, aunque me costó días incorporar algunos verbos, como esquecer (olvidar) y algunas palabras difíciles de traducir no sabía bien cuándo usarlas (como saudade)
En cada Estado que iba recorriendo el portuñol quedaba un poco más atras y mi vocabulario aumentaba, incorporando modismos (como “esse cara” ) y mejorando la gramática. Las largas horas hablando con los camioneros fueron la mejor clase.
El sotaque (acento) de cada región es bastante diferente, me costó mucho entender a los bahianos y más a los pernambucanos, con quienes ahora converso más fluido. Fue mucho más fácil en el sur, porque incorporaron muchas palabras del español y porque la ascendencia europea influye más en los gestos y las posturas. En todas partes encontré gente dispuesta y gustosa de hacer un esfuerzo para posibilitar el entendimiento.
Siempre pensé que hablar el idioma local es imprescindible para el viajero. Quienes dudan de venir a Brasil por la barrera que implica no hablar portugués, no teman. Sepan que un par de meses viajando solo, (lo que implica deshacerse a fuerzas del propio idioma y acelerar el aprendizaje) bastan para hablar sin problemas con la gente y vencer la distancia a la que nos separa el lenguaje.

BRASIL Y LOS BRASILEROS

Una manera de entender a los brasileros es repetir esa anécdota que dice que los barra bravas del clásico Corinthians – Palmeiras, después de una batalla campal, se fueron a comer una pizza juntos. Acá la mayoría de las veces los problemas no tienen solución, pero tienen final feliz. Hay que entender que no es un pueblo ni inconsciente ni superficial, saben bien qué estan viviendo y le dan importancia, pero valoran más la paz y la alegría, el no hacerse mala sangre más allá de las jeringas.

Sin embargo, noto un creciente malestar con algunas cuestiones políticas y, sobre todo, de economía. En lo que va del año el dólar pasó de 2.68 reales a 3.15. Yo fui testigo del impacto que eso tuvo en la gente, el aumento de la incertidumbre y el manifestar que esa historia ya la vivieron. El precio de la nafta es conversación diaria.

Todavía no logro convencerme de que es un país peligroso. Si bien las estadísticas hablan de un índice de violencia de primer orden mundial, y los diarios y las noticias de televisión se llenan de descuartizados y autos quemados, al caminar por la calle se percibe una relativa tranquilidad, excepto en ciertas zonas de las ciudades grandes en horas nocturnas, por las que no es necesario andar exponiéndose. En los pueblos he visto casas sin rejas con puertas y ventanas abiertas y una presencia policial inexistente. Eso sí, en este tema hay un abismo de distancia entre el sur y el norte, con desventaja para éstos.

De fútbol se habla poco y el carnaval, si bien paraliza el país por los feriados, no deja de ser una manifestación cultural en retroceso. Brasil es mucho más que samba y playas, con una diversidad no imaginada en otras geografías. Es un lugar común decirlo, pero comprobarlo a lo ancho de su territorio nos lleva a lugares que, como juego de palabras, son poco comunes.

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