De Quilmes a Reñaca

“Si tienes un sueño, déjalo libre”. La frase me surgió como un bálsamo en medio del esfuerzo por compatibilizar con la cotidianidad. Desde que volví a mi lugar en el mundo, he vivido días difíciles, readaptarme a la vida sedentaria me ha costado mucho esta vez.

Fue muy fuerte la ruptura entre el andar y el estar quieto, venía con un envión muy fuerte. Pero estoy convencido de que estuvo bien haber parado, para estar cerca de mis hijos y compartir con ellos los aprendizajes del Camino, que es para mi la mejor forma de encontrar el equilibrio entre el ir y el ser. Estos son tiempos de un viaje distinto. Podré ahora continuar la casa que había empezado a construir antes de partir, y terminarla antes del próximo tramo del Camino a Veritvania.

Si tienes un sueño, déjalo libre.

Ese infinito placer que produce descubrir
que la riqueza esta disuelta,

En la nada.
En mil hojas,
En el aire,
En todo el cielo.

Ese estremecerse al comprender

Que es milagro,
Que está ausente,
Que es desvelo.

(Adorar la vida va primero)

 

CLARIN LLEGO A VERITVANIA

A poco de llegar, Carla Baez, que escribe para el principal diario de la Argentina, hizo una brillante nota sobre el Camino a Veritvania y mi historial viajero. Fue publicada primero en el suplemento de mi zona y luego en la web principal del diario, donde fue la octava nota más leída del Domingo. En pocas horas se produjeron casi 20 mil visitas a este blog, que estaba linkeado. Feliz por el reconocimiento, supe por unas horas las altas y bajas que proporciona la fama.

La nota en Clarín

 

LAS CAMINATAS

Si creemos que todo es como creemos que es, si no nos apartamos de la rutina de los otros, rara vez el camino nos sorprenderá. El conurbano de Buenos Aires también tiene sus paraísos. Recorrerlos empezó a tornarse una rutina de estos tiempos más quietos.

La primera caminata veritvana fue de unos 8 km, hablando de viajes con amigos, entre Constitución y Caballito, ida y vuelta, con parada a tomar mate en una placita triangular que encontramos por ahí. Entre la realidad y los sueños, compartiendo, fuimos Camino a Veritvania. Otras llevaron por La Plata, el Olimpo, Solano, el Tigre, Glew, José C. Paz…

Las calles no acaban nunca. De vez en cuando me voy a tirar al pasto de una plaza cualquiera. A tomar la cerveza del chino, a sentir que las horas me esperan. Puede ser cerca de un sorete pisado de perro sarnoso, también cerca de una madre soltera. Puede ser que un borracho me cuente su historia de penas. Puede haber unos ojos, y también unas piernas. Puede ser simplemente una tarde sincera, con el negro que vende relojes, con el alma del cielo en mis venas.

Si los zapatos incomodan camina descalzo. Si el camino es pedregoso y lastima, anda despacio. Si vas despacio, verás alrededor y encontrarás zapatos. Camino a Veritvania.

SALUDOS DESDE GLEW

Estar en el paraíso es algo misterioso. Cualquier lugar lo es, si en él somos nosotros mismos; si mantenemos nuestras convicciones y deseos, y fugamos del egoísmo.
No es sencillo llegar. La distancia que nos separa de las cosas no vale tanto como al inicio. Por cada paso que dimos hay tres que resignamos y se llevaron el enigma de lo que no fuimos. El tiempo va en una sola dirección, esa es la ventaja que nos lleva.

No se trata de aciertos sino, más bién, de principios.
Podremos seguir cometiendo errores, muchos, pero no podremos dejar de hacernos cargo de lo que aprendimos.
Decirle que no a caer es otra manera de avanzar. Las decepciones tienen costados ocultos y también impulsan, andar nos regala hermosas personas, y el camino es promiscuo.

SALUDOS DESDE CATAN

Me preguntan cómo sigue la vida y yo contesto viviéndola, pateando las calles por Pompeya, por Laferrère, oliendo los porros ajenos de una época que acaba por la puerta de atrás, como en lo cuentos de Kafka, con panzas al aire en un día de verano que no tuvo primavera. Alguna vez vivimos en el desorden y pudimos soportarlo. Eso es lo que quedará para la historia.

Posamay esquina Simón Perez, pleno centro de González Catán, un afuera de Buenos Aires. El litro de Quilmes a modo de merecido premio tras haber soportado los 33 grados que enero nos regala fuera de los enlatados vagones del Belgrano Sur me da la excusa para reposar.
Me siento a ver pasar tatuajes y shores, mucha piel y miradas astutas. El olor a chori da más clima a una esquina más que generosa.
Junto al cartel de bienvenida al club Catán, un volante en la pared promete, para el verano 2016, tres días completos de playa y transporte ida y vuelta a Mar de Ajó por $390. Eso no condice con lo que dice la tele, pero a la gente le gusta gastar plata.

Para cada verdad hay una mentira.

La combi de Lupyta Disco de Laferrere pasa con un parlante escandaloso. Solo yo me perturbo, hasta que la combi pasa y México invade el profundo conurbano matancero. Suena Marco Antonio Solís desde el local de al lado con Dónde estará mi primavera y Si no te hubieras ido sería tan feliz. Yo vuelvo a mí y entonces, otra vez, todo me es familiar, todo reconforta y pienso: Haber recorrido todos los países de Latinoamérica ha resultado un canto de amor a mi alma peregrina.

He caminado por 58 ciudades de más de un millón de habitantes. Once norteamericanas, seis centroamericanas, cuatro europeas, catorce brasileras y ventitres del resto de Sudamerica. Las urbes son mis laberintos preferidos.
En los recuerdos se mezclan sonrisas y cicatrices, algunos nombres y olores, las formas caprichosas de la sorpresa.
No hay principio ni final. Es cuestión de seguir, en cada esquina puede empezar una historia diferente.

Renunciar, dejar todo y salir al mundo es una historia que se ha tornado repetida. Viajar y por ello ser convocado a un trabajo de suma responsabilidad, no. Este es el paso adelante que hoy me toca, en este largo Camino a Veritvania.

Uno nunca sabe que le deparará el destino. Los ojos que te ven tienen alas disponibles y dejarse llevar implica riesgos y también sorpresas. El desafío será volcar toda la experiencia acumulada, ahora, en función de la Obra Social más grande de Latinoamérica. Me convocaron para trabajar en PAMI.

La seducción del cambio es el más dulce aditivo de la libertad. Del barro a los zapatos lustrados hay, si se quiere, solo un pequeño desprejuicio. Recobrar el microcentro de Buenos Aires no está exento de aventura y perderse en los confines, tampoco.

No será un encierro. Me han propuesto seguir andando las calles, ahora para llegar a los sectores más vulnerables de la tercera edad. Por el trabajo estoy recorriendo Buenos Aires. Es un buen trabajo el que invita a viajar.

Quien aprende a ponerse su prisión a cuestas, jamás se sentirá encerrado.

Una de las primeras salidas fue rumbo a la triple frontera chiquita entre Quilmes, Florencio Varela y Almirante Brown, donde los domingos se pone una feria que cuando está lindo como hoy, es interminable. Van las familias con sus mantas y venden lo que tienen, sacan para los gastos del día y aveces un poquito más.
Es también su único paseo, la socialización. Se encuentran con vecinos y familiares, comparten una mesa.
La semana será tan dura para los que tienen trabajo como para los que no lo tienen y el arroyo Las Piedras, que pasa por ahí, hace mucho tiempo que dejó de ser una opción de esparcimiento, por eso la feria, a la que llaman Los Eucaliptos por el nombre del barrio, es el paseo obligado.

Si falta mucho para el próximo viaje, posterguen el delivery de la pizza. Los tacos que prepara Itzel, originaria de Nogales, Sonora, en la Feria de los Eucaliptos de Solano, tienen todo el sabor de México.

HACIA LA MATANZA

Cuando ando por Buenos Aires suelo sorprenderme cómo siempre surgen lugares desconocidos, vericuetos que juegan a las escondidas, como me volvió a ocurrir hoy.
Había pasado muchas veces por la estación Villa Madero, la primera yendo en tren al partido de La Matanza, pero jamás había bajado a recorrer esas calles. Desde la ventanilla el paisaje mucho no dice, casas al frente, algunas de dos pisos y algo de arboleda. Pocos negocios y menos autos.

La cercanía con la General Paz y un conjunto de torres, sin embargo, no deja olvidar que estamos a las puertas de Buenos Aires, una de tantas puertas del suburbio denso, que al sur es mezcla de pobres y clase media.

Un hombre regando el pasto de la placita contigua a la estación me invitó a hablar. Le pregunté por un bar y me indicó que vaya una cuadra hasta la avenida Velez Sárfield y de allí dos a la derecha. Encontré un lindo café para desayunar, mientras miraba la lista de centros de jubilados cercanos que tenía que visitar. No muy lejos quedaba una media docena.

Se fue la mañana hablando con vecinos, y con un par de centros cerrados y otros abiertos, pude hacer mis primeros informes. El barrio parece tranquilo, pero Ofelia me contó que la dejaron atada en el baño cuando hace unos meses le entraron a robarle en su casa.

El sol subió bastante la temperatura a la hora que los chicos salen de la escuela.
Después de un suculento sándwich de milanesa que me preparó una simpática chica sobre la calle Blanco Encalada, seguí recorriendo el barrio. Pasada la una pocos quedaron en las calles y yo seguí, hasta que di con la Sociedad de Fomento de Villa Madero, una monumental obra que cumplió un siglo ya, que cuenta con hospital comunitario, salón de fiestas, el centro de jubilados y una radio fm, a la que quedé invitado.
Omar me ofreció a recorrerla, me saqué fotos en el gimnasio y hasta con la enfermera. Después me llevó en su auto a la estación para que tomará el tren de regreso. Cosas que pasan en este tipo de viajes express, de corta distancia y que, como voy descubriendo, no están exentos de sorpresas.

Deambulé por los confines día tras día. San Justo, Villa Celina, Ramos Mejía, Tapiales, Laferrere, González Catán, Virrey del Pino, Ciudad Madero, Isidro Casanova, Villa Insuperable, Lomas del Mirador, Villa Luzuriaga, Rafael Castillo. Los lujosos nuevos vagones del Belgrano Sur, por fin, se metieron en la Capital. Atrás quedan los dos millones de habitantes del gigante del Conurbano.

VERITVANIA TEENS Y VERITVANIA KIDS

En una de esas vueltas saqué pasaje en avión y salí de Ezeisa directo a Santiago de Chile con Emilio y Melina, mis hijos.
Que si estaba preparado?
No. Los sueños se hacen realidad cuando se les antoja.

Enseñandole a mis hijos que si se mueven por el mundo, el mundo se moverá por ellos.

Ellos han seguido en mis viajes y a mis regresos, han aprendido la teoría y ahora vamos a la parte práctica. Estoy tratando de emancipar sus pasos, abriéndolos al sentido de la vida. Y justo en Chile, donde yo empecé el derrotero de mi libertad.

En Chile, otra de mis casas, muchos amigos de 20 años de viajes nos esperaron, estoy agradecido con el corazón abierto. Volver a los viejos escenarios me hizo sentir que quien reescribe sobre sus huellas, verá que en nada habrá cambiado la esencia de tus pasos.
Que el camino detrás de veinte años de polvo y lluvia, aun, te huela a abrazos.

El aprendizaje para Emilio y Melina fue placentero.

Si quieren llegar lejos, lo primero que deben saber es que nadie los apura, porque el objetivo está cerca, esta en ustedes.

 Quisiera que sepan que:

Lo importante es no pasar la vida buscando excusas para justificar el camino erróneo.

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