CÓMO VIAJAR CON BAJO PRESUPUESTO

Los turistas que aterrizan en un aeropuerto y combinan a otro y desde allí toman un taxi al hotel más cercano a la riqueza no conocen un país, ni su gente, ni su geografía. Atravesar territorios de punta a punta es navegar por la sorpresa, la disparidad y la abundancia. Un espectáculo arrollador y en cierto modo indescriptible. Con magnificencia y encanto. Puede ser un espectáculo muchas veces doloroso y difícil de asimilar por la crudeza con que se exponen ciertas situaciones de indigencia y marginalidad, o todo lo contrario expuesto con lujo y ostentación. Asimismo, situaciones inimaginables de degradación del medio ambiente urbano y rural pueden presentarse a nuestro paso, inclusive allí donde debamos comer o alojarnos para luego seguir camino. El mundo real se nos escapa de las manos y de la mente cuando queramos abarcarlo, haciéndonos pequeños, pero no hay otra manera que ir a su encuentro para conocer la verdad y realizarnos como viajeros.
No es aconsejable hacerse una idea previa de la situación de un determinado país de acuerdo a lo que se publica en los medios de comunicación en Internet. La distorsión por fines comerciales que la prensa hace de la información es un factor a tener en cuenta antes de tratar de entender la realidad de un territorio.
Tampoco bastarán unos pocos días que podamos pasar en un país para creer que por ello nos podemos convertir en críticos de la situación. En algunos países, está mal visto que un extranjero opine sobre los hechos nacionales.

Creer por su parte que el mundo se ha globalizado y que por ello da lo mismo recorrer cualquier país es una ingenuidad. En la humilde opinión de quien esto escribe el fenómeno de la globalización se ha circunscrito a un número de marcas y servicios mientras que ha derivado en la exaltación de las diferencias y la necesidad de contextualizar que ha producido el efecto contrario al que se suponía, con lo que hoy viajar a través de los pueblos es un espectáculo de diferenciación digno de ser asistido.

La decisión

 

LA DECISIÓN

Mucha gente tiene miedo de dejar todo y partir hacia un largo viaje, pese a desearlo con el alma. ¿Qué es lo que se interpone entre el deseo manifiesto a lo largo de toda una vida y su efectiva realización? Evidentemente la respuesta es compleja y depende del tipo de deseo. Para algunas personas puede ser algo material, para otras algo espiritual y para muchas la combinación de ambas. Este es el caso de los que desean viajar. Cuando hablo de viajar estoy refiriéndome, claro está, a ese tipo de viajes que implicarán un cambio profundo en nuestras vidas, que prescinden del tiempo y la distancia como condicionantes y que constituyen por sí mucho más que una aventura. No tengo toda la respuesta. Pero he podido observar que los supuestos impedimentos son para la mayoría de los viajeros soñadores la falta de dinero para afrontar los supuestos gastos y el miedo a causa de la sensación de inseguridad. Por otra parte, la experiencia propia y de otros viajeros demuestra que ni una cosa ni la otra son impedimentos reales, sino más bien construcciones ficticias basadas en el desconocimiento.

El que consigue viajar de una punta a la otra del planeta no es ninguna persona sobrenatural, no es ningún héroe. Tampoco es “gente con suerte”. Es simplemente una persona como cualquiera que a diferencia de otras se propuso esa meta y la llevó adelante. Existen incontables ejemplos de ello. Voy a citar aquí unos pocos, representativos de diferentes instancias a las que se puede enfrentar el ocasional viajero y que tienen como denominador común el haber vencido los miedos como punto de partida. En la conclusión de su viaje en moto desde Argentina hasta Alaska, que representó para el un logro largamente esperado, Freddie Fornaso nos dice: “Es muy fácil llegar a Alaska, la circunferencia terrestre es de 40.000 Km. y yo he recorrido 20.000 Km. para llegar, la mitad de la vuelta al mundo. No considero que haya sido una hazaña, es muy fácil llegar, sólo se necesita iniciativa, constancia y esfuerzo.”

Juan Pablo Villarino, quien hace año recorre el mundo a dedo con el fin de demostrar la hospitalidad de los pueblos, escribió: “Que ser responsable es darnos cuenta de que la vida es una sola, que se vive día a día, y que una vejez con jubilación digna no justifica una juventud de viejos. Ser responsable no significa solo asumir obligaciones, sino también animarse a asumir la libertad y no atarse innecesariamente a cosas ajenas a nuestra esencia. Que nadie se encuentra en peligro por estar lejos de casa, que las ciudades son definitivamente más peligrosas que las rutas, los montes y los lagos. Creemos que el universo cuida de nosotros y que una jornada laboral de doce horas es más peligrosa queviajar a dedo…”

Cuando se acaba el dinero empieza el viaje, pensé una vez que eso me sucedió. “El camino provee” me dijo un chileno viejo que conocí hace tiempo. Enfrentarnos a la necesidad es muchas veces lo que nos hace falta. Emmanuel Martínez Vivanco dejó Puebla con rumbo norte y llegó a Alaska con sus ahorros. Cuando volvió a México sintió que estaba solo de paso y quería seguir hacia el sur. No llevaba mucho dinero y ya en Belice se quedó sin plata. En ese momento no sabía que hacer y pidió trabajo en un hostal, pero los trabajos fijos no son buenos aliados de los viajeros y con la necesidad de volver a las rutas compró unos lápices a buen precio para revender en el camino. De a poco se fue animando a hacer artesanías y continuó viajando. Hoy es un experimentado malabarista que siguió hasta laPatagonia, para volver a México al cabo de un año.

Destruir prejuicios se consigue viajando. Pese a los cambios hacia la igualdad de género que se vienen sucediendo desde mediados del siglo pasado, persisten hoy diferencias subjetivas en cuanto a la posibilidad de viajar en soledad para una mujer respecto del hombre. Belén Aspiroz es un ejemplo que demuestra que la cuestión de género no solo no es un impedimento sino que es un potencial a aprovechar. Esta joven con su moto y su mochila salió con la meta puesta en cruzar toda América Latina. Su edad, su condición de mujer y su espíritu aventurero hicieron que desde que salió, haya recibido adhesiones y cariños a su paso. Para otros, los lazos familiares crean la imposibilidad. Chicos en edad escolar, abuelos que cuidar o familiares enfermos es una buena razón. Pero es difícil creer que a lo largo de toda la vida no podamos hallar un tiempo para cumplir los sueños. Es cuestión de esperar, aunque hay quienes deciden no hacerlo y articulan todas las instancias necesarias para salir a vivir la experiencia que marcará sus vidas, más allá de supuestos impedimentos, como las numerosas familias que viajan con chicos cuya educación se imparte en el camino. Tal es el caso de la familia viajera Saleme Santore, que con su motorhome se lanzó a recorrer el continente de punta a punta.

Detrás de la decisión de partir y su realización, hay un grado de astucia, de valentía, y otro poco de inconsciencia.

INVESTIGACIÓN PREVIA

Inmediatamente surgida la idea es probable que nos sumerjamos en la web para buscar información. La abundancia de ésta hará que se nos haga difícil discernir que es lo importante. Mi experiencia reciente me induce a pensar que internet puede jugar un papel importante en la conformación de la idea que uno se va haciendo de lo que será su posterior periplo, pero que esa idea dista en definitiva mucho más de lo que imaginamos de la realidad. Apuntar direcciones de albergues y nombres de empresas de transporte nos dará una sensación relativa de previsibilidad y con ello seguridad, a la vez que limitará en mucho lo más preciado que tiene un viaje de esta naturaleza. Recorrer América Latina es antes que nada un viaje al encuentro con lo inesperado. Sin embargo es innegable el valor que tiene la red como acceso a datos concretos en lo histórico, geográfico, político, económico y social de la región, conocimiento que sí será una herramienta útil para la toma de decisiones in situ. Hay que tener en cuenta que a la llegada a cada pueblo o ciudad se podrán obtener datos actualizados y mapas en las agencias de turismo, municipios u oficinas de información y hablando con la gente de manera sencilla, ya no en un encuentro virtual sino contextual.

Una práctica caída en desuso a causa de internet, es la de asistir a embajadas o consulados a solicitar información. Más allá de que probablemente no contribuya en mucho a nivel de datos, la experiencia de entablar una charla con personas de los diferentes países nos puede ayudar a formar una primera idea de lo que será nuestra relación con las distintas culturas.

Lo cierto, es que no es mucho lo que se requiere en cuanto a documentación para recorrer América Latina. Llevar una fotocopia del cada documento o escanearlo y guardarlo en un mail es aconsejable ante robo o pérdida. El pasaporte argentino con una vigencia superior en seis meses a la vuelta estipulada es suficiente. Ciudadanos de algunos países necesitan visa para entrar a otros.

Poseer una tarjeta de crédito o débito aún cuando no se cuente con fondos en la cuenta, facilita los trámites de migración y puede constituir el determinante para ingresar sin problemas en países como Brasil, Panamá o Costa Rica. Tramitar una tarjeta internacional de estudiante o profesor permite obtener descuentos en pasajes, estadías en hostels y compras de productos relacionados al turismo.

La cuestión de la salud debe preverse de antemano. En teoría, algunos países como Brasil, Venezuela, Colombia y Costa Rica exigen para el ingreso el certificado internacional de la vacuna de la fiebre amarilla. En la práctica no se exige tal certificado, pero el riesgo de contraer la enfermedad si existe en algunas zonas selváticas de los mismos. La vacuna debe recibirse a no menos de 10 días del ingreso a dichas zonas.

No hace falta ser un atleta para recorrer el mundo. Tampoco hace falta ser un joven fuerte y lleno de vitalidad. La edad no es impedimento alguno y las capacidades diferentes tampoco. Sin embargo, optimizar las condiciones físicas de acuerdo a las posibilidades de cada uno resulta una parte importante de los preparativos. De no lograrse antes de la partida, la rutina en movimiento que significa viajar nos pondrá en estado en unas semanas. El mal de altura, llamado soroche en los países andinos, puede afectar nuestra capacidad de resistencia, incluyendo dolores de cabeza. No afecta a todas las personas por igual, siendo más común a partir de los 3 mil metros, por lo que se sufre principalmente al recorrer el altiplano peruano – boliviano.

Una mochila de 45 litros alcanza.

 

QUÉ LLEVAR

El equipaje para un viaje de 15 días o 2 años es básicamente el mismo. Cada kilogramo menos en la mochila es un grado más de confort y libertad. El criterio a seguir debe ser el de llevar solo aquello cuyo uso será imprescindible, descartando llevar cosas “por las dudas” ya que ante una necesidad puntual determinada existirá la posibilidad de adquirir lo que haga falta en el pueblo o ciudad más cercano. Pasar en lo posible desapercibido es ventajoso. Un bolso de mano es una buena manera de llevar siempre consigo los artículos valiosos pero también es una buena manera de exponerlos. Prescindir de éste y llevar la cámara fotográfica en un bolsillo da mayor tranquilidad al caminar por lugares difíciles. En cuanto a la documentación y el dinero, llevarlo siempre en la vestimenta que se lleva puesta. Bolsillos internos son convenientes. No son aconsejables las riñoneras ni todo tipo de equipaje que nos asemeje a un turista, como ropa colorida, chalecos o sombreros vistosos. No es necesario comprar todo lo novedoso y bonito que se vende en las tiendas de tiempo libre.

Una mochila con 9 kilogramos de peso puede albergar todas las cosas necesarias para recorrer el mundo. El tamaño más aconsejable para un viaje largo, pese a la imagen establecida de un viajero europeo con 25 kilogramos de peso en su espalda, es de unos 45 litros. Es bueno tener en cuenta que la exigencia física a la que estaremos sometidos se centra básicamente en el caminar por horas, incluso con una mochila a cuestas. Por ello es fundamental que el peso de la misma sea lo más reducido posible. Llevando un peso razonable el acostumbramiento a llevar carga se produce a los pocos días de iniciado el viaje y lo que parece una odisea al principio, deja de serlo.

En cuanto a ropa, unos pantalones desmontables se adecuan a los distintos climas. El resto debe formar conjuntos para dos cambios. Dos abrigos livianos, uno de los cuales sea impermeable en lugar de uno grueso resultarán mejores opciones para protegerse del frío. Demás está decir que en el caso de las mujeres, optar por ropa suelta será de mayor confort. Llevar ropa para todos los climas genera un gran inconveniente de equipaje. Se habrá de evaluar la posibilidad de adquirir un abrigo allí donde se haga necesario y venderlo o descartarlo cuando ya no lo sea.

Se deberá procurar un buen calzado. Será la parte del equipaje más sometida a exigencias, junto con la mochila. La comodidad en el calzado no es un tema menor. Una lesión en el pie por pequeña que sea afectará nuestro andar mucho más que en otras partes del cuerpo. Lo mismo que respecto a la ropa sucede en cuanto al calzado, no es conveniente cargar con tres pares distintos de calzado para los distintos climas sino ir cambiándolo de acuerdo a las necesidades. Un par de sandalias con medias no es muy chic, pero tiene gran versatilidad.

Para dormir se recomienda llevar una hamaca, la manera más cómoda de dormir en zonas tropicales pero también útil como manta o abrigo en las zonas frías. Es conveniente comprarlas allí donde su uso esta extendido ya que el precio será más bajo. La bolsa de dormir no deberá ser de alta montaña, al menos para los viajeros que no tengan en las cumbres un objetivo particular, ya que ocuparán demasiado espacio. Una bolsa sencilla de camping, para cero grados, es suficiente. Para alivianar el equipaje es preferible que la carpa, de llevarse, sea individual si se viaja solo. Hay modelos desde los 750 gramos.

Otra cuestión importante y sujeta a decisión personal de acuerdo al tipo de viaje y las zonas, es la del equipamiento de cocina. En algunos países la comida es un gasto importante. Llevar un pequeño equipo para cocinar es conveniente solo en casos de presupuestos muy ajustados o casos de vegetarianismo, ya que en multiples ocasiones la oferta culinaria no se ajustará a esos requerimientos.

En cuanto a la higiene y el botiquín, no es necesario llevar una pequeña perfumería o farmacia en la mochila. Ante una eventualidad, cualquiera de los productos de higiene o botiquín podrán ser adquiridos en comercios cercanos. Se recomienda llevar, en envases pequeños, los artículos de uso diario como jabón, champú, jabón para ropa, dentífrico y desodorante; y un pequeño kit con analgésicos, cinta adhesiva y gasas.

Por último, los artículos electrónicos, como celular y cámara deben cubrir el rango 110/220 volt, ya que la tensión varía según el país. Llevar un reproductor de música y auriculares es una buena forma de aislarse y perderse el contexto. Es mejor escuchar directamente la música del ambiente, casi siempre presente en la naturaleza. Notbooks o netbooks implicarán un equipaje de cuidado que de no tratarse de herramientas de trabajo es mejor obviar, en función de la libertad y tranquilidad en los movimientos, optándose por acceder a la red en cibers de muy bajo costo presentes en todo lugar.

Frontera costarricense

 

MIGRACIÓN Y FRONTERAS

Cruzar América Latina significa por lo menos atravesar 12 fronteras. Según la ruta elegida pueden ser hasta 16, solo de ida. En Europa la existencia del espacio común facilita las cosas. En África, la cuestión de las visas merece una  profunda evaluación previa a decidir el itinerario.

Contrariamente a lo que se cree, en general las fronteras son lugares seguros, por demás custodiados y vigilados. Es casi inexistente el caso de arrebatos o hurtos en las fronteras. Sin embargo hay metodologías delictivas a tener en cuenta. Nunca entregarle el pasaporte a un gestor para el trámite de migración o el equipaje a un acarreador ya que existe la posibilidad de que jamás los volvamos a ver.

Las cuestiones migratorias tienden a facilitarse en general, con la excención de visados. Pero los atentados a las torres gemelas de septiembre de 2001 marcaron un antes y un después en el endurecimiento de las exigencias para cruzar fronteras en América. La presión en busca de seguridad por parte de los Estados Unidos obligó a los países latinoamericanos (México y de Centroamérica principalmente) a reforzar los controles. Pero esas condiciones vienen alivianándose desde su pico en 2002. Sin embargo, sigue siendo mucho más sencillo cruzar el continente de norte a sur que en sentido contrario. Paralelamente vienen avanzando mejoras en las relaciones bilaterales conflictivas, como Chile con Perú y Bolivia o Colombia con Venezuela.
Hoy el factor que obstaculiza en determinados casos la permeabilidad fronteriza es el de las migraciones intra regionales por cuestiones laborales, como la de bolivianos, peruanos y colombianos a Chile o nicaragüenses y salvadoreños a Costa Rica y Panamá. No es el caso del flujo de paraguayos y bolivianos a la Argentina, donde las fronteras no ofrecen obstáculo alguno.

Los países de Sudamérica, agrupados en la UNASUR, han suscrito un acuerdo por el cual sus ciudadanos no necesitan pasaporte para ingresar a los países miembros, bastando con el DNI o carné de identidad. Pero para Centroamérica y México es necesario el Pasaporte. Es importante saber que para que el mismo sea aceptado al ingresar a cualquier país debe contar con el sello de salida del país de origen, por lo que salir del país de origen con cédula o DNI invalida el uso posterior del pasaporte, generando un gran inconveniente.
Las fronteras de Sudamérica son más tranquilas y franqueables que las centroamericanas. A excepción de Chile, a cuyo ingreso se pueden presentar dificultades para los ciudadanos andinos, los países sudamericanos suelen dar 30 días (Bolivia, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia) o 90 días (Argentina, Uruguay, Ecuador) a sus hermanos del sub continente. Los mexicanos necesitan visa para entrar a Brasil.

En Centroamérica la cosa es más difícil. Panamá y Costa Rica son las fronteras más duras. Suelen exigir billete de salida y mostrar un dinero (generalmente 500 dólares en efectivo o tarjeta de crédito o débito) para ingresar. Respecto al pasaje, lo que muchos viajeros hacen es realizar una reserva por Internet e imprimir dicha reserva, aun cuando nunca vayan a comprar el pasaje. Con eso basta. Existen algunos inconvenientes para ciudadanos centroamericanos al ingresar a Costa Rica, donde les suelen realizar una entrevista personal, pero no al ingresar a México, como muchos suponen. Al ingresar a Panamá desde Colombia el equipaje será requisado de manera meticulosa.
En Centroamérica, los ciudadanos colombianos y mexicanos serán requisados con mayor asiduidad que el resto de los latinoamericanos.
Un pasaporte europeo, norte americano o australiano significa puertas abiertas en cualquier país de América Latina. En la práctica, un pasaporte argentino o chileno también.

Existen tasas de ingreso y/o egreso en algunos países. En Panamá se cobra un impuesto de salida de un dólar. En México sin embargo el costo que se paga es de 22 dólares, al salir. También se cobra el paso por Nicaragua y El Salvador. En cambio, ningún país sudamericano cobra por entradas ni salidas. Para estadías que superan el permiso otorgado la mayoría de los países cobran una multa diaria que a veces es menor al costo de la renovación del permiso.

En la práctica, cruzar una frontera sin papeles es en la mayoría de los casos muy sencillo, ya sea por los pasos habilitados o por otro lugar de la línea. El flujo diario de ciudadanos fronterizos está muy poco vigilado y no es muy difícil pasar como uno más de ellos. En Sudamérica, los controles dentro de los diferentes territorios son cada vez más esporádicos y rara vez es requerida nuestra documentación. Sin embargo, en Centroamérica y México no es así. No tener el pasaporte en regla nos convertirá rápidamente en presa de controles en buses y retenes y estaremos en reales problemas.
Ante la pérdida o robo de la documentación, en todos los casos, habrá que dirigirse a la Embajada de los respectivos países.

Tren en Uyuni.

 

CÓMO MOVERSE

El transporte es el gasto por rubro más oneroso para el viajero que no hace dedo ni viaja en bicicleta. Por ello es importante hacer zoom en este ítem. Para quienes optan por los buses, por ejemplo, suele estar cerca del 60% del gasto total, dependiendo del ritmo de viaje.

Recorrer América Latina puede ser una aventura de dos meses o dos años. Lo primero que hay que tener en cuenta es que según la ruta elegida unir los extremos del sub continente demandan un recorrido de entre 17.000 Km. y 25.000 Km. de ida y otro tanto de vuelta. Experiencias de viajeros consultados varían entre un recorrido de 20 a 300 Km. por día de promedio, del que resultan viajes de entre 50 días hasta un año y medio para ir de una punta a la otra. Un ritmo promedio, aconsejable, es de no más de 200 Km. promedio por día y un lapso de 3 meses como mínimo para llegar del Río Bravo al canal de Beagle o viceversa.

Hacer dedo (autostop, tirar dedo, hacer raid, pedir aventón, etc. según el país) es un medio de transporte posible en todos los países de América Latina. En Perú, Ecuador, Venezuela o Nicaragua hacer dedo es una opción muy eficiente y bien aceptada socialmente. En Argentina, Chile, Brasil y México es aconsejable acercarse a hablar con el transportista cuando éste está detenido en una estación de servicio, control policial o restaurante.
En Bolivia será casi inevitable el pago de una pequeña suma. En Perú pedir a la policía que nos embarque en un camión no está mal visto por los conductores. No hacer dedo después de las 6 de la tarde es un error, muchos camioneros buscan con quien conversar durante las noches para no dormirse.
Para muchos viajeros, viajar a dedo es mucho más que ahorrar el precio del pasaje. Les resulta la mejor opción para conocer de cerca las costumbres de todo tipo de gente, transformándose el viaje en inolvidables conversaciones que difícilmente se den en el bus, y que pueden derivar en invitaciones a comer o incluso a pernoctar en la casa del conductor.
Contrariamente a lo que se supone, viajar a dedo no implica hacer un viaje mas lento. Incluso, en ocasiones, se avanza a un ritmo mayor al del transporte público. Muchas veces trasladarse a una terminal o hallar el lugar para abordar el bus se traduce en tiempos mayores al de la espera haciendo dedo. Además, no es lo mismo estar cuatro horas adentro de una sala de espera que frente a un paisaje imponente.
En regiones donde el transporte público es esporádico, hacer dedo puede significar un día menos de espera.
Se comprobará al viajar, sin embargo, que el lapso de espera puede variar desde pocos minutos hasta que pase el primer vehículo por ejemplo en rutas de Nicaragua, hasta días enteros en caminos inhóspitos de la Patagonia. La paciencia, en todos los casos, es la mejor aliada del dedo.

dedo

Si bien en América Latina los trenes de pasajeros se limitan a una ínfima parte de la kilométrica red que supo haber, en varios países se mantienen líneas de trenes de cargaque realizan largos trayectos, generalmente operados por empresas privadas. A priori resulta difícil conseguir que nos lleven, ya que esgrimen razones de seguridad infranqueables, pero nunca estará demás intentarlo.
Pero es posible pedir que nos lleve a todo aquello que se mueva. De hecho, hay viajeros que han conseguido viajar gratis en aviones privados, helicópteros y barcos militares. Acercarse a aeroclubes, pequeños aeropuertos o clubes náuticos y conversar con pilotos y capitanes es una buena práctica del viajero de bajo presupuesto.

Viajar en bicicleta es una modalidad en crecimiento en América Latina. La mejora en las condiciones de seguridad han permitido que
Si bien las enormes distancias demandan de al menos un año para realizar el periplo, muchos son los que se aventuran y comprueban que viajar en bicicleta es seguro y que la solidaridad de los latinoamericanos para con el ciclista es superior que para con el resto de los viajeros. Es posible combinar tramos en bicicleta con otros en tren y también portar la bici en los buses.

La pasión por los largos periplos de parte de los moto viajeros está muy documentada en numerosas páginas de internet. Para ellos habrá clubes y agrupaciones de adeptos que en las distintas ciudades los recibirán con los brazos abiertos e incluso les proporcionarán con gusto alojamiento y comida. Una moto de mecánica sencilla encontrará más fácilmente quien la reparare que una sofisticada, a la vez que será más fácil y económico hallarle repuestos.

Son muy pocos los viajeros que recorren América Latina en auto. El auto no proporcionalas condiciones mínimas de comodidad para viajes que pueden durar meses. El auto significará un gasto importante de garage mientras debamos también pagar nuestro alojamiento. Quienes deciden dar rienda suelta a su pasión por conducir encuentran sus ventajas en el motor home.
Si se decide sin embargo partir en coche, habrá que tener en cuenta que nuestra unidad podrá ser un perfecto desconocido para casas de repuestos y talleres mecánicos del continente. Por mayoría, las marcas europeas están presentes en Argentina y Brasil, las norteamericanas en Centro América y México y las asiáticas en los países del Pacífico, lo que dificulta la búsqueda de repuestos allí donde nuestro modelo no exista.
El costo de la gasolina es similar en todo el continente, a razón de un dólar promedio por litro. Solo en Ecuador es algo más barato y en Venezuela su precio es irrisorio, solo 7 centavos por litro. El costo de los peajes en Colombia y México es excesivo respecto al resto de los países.

En cambio, la casa rodante forma parte indisoluble del ideario de aquellos viajeros que anhelan dejarlo todo y partir. Constituye una excelente opción para la economía, tanto en alojamiento, transporte y comida. No existen mayores problemas para parar la casa rodante en cualquier esquina céntrica de las ciudades de América Latina y pernoctar allí.
En cuanto al objetivo de atravesar el continente, hay que tener en cuenta que cruzar el Darién entre Colombia y Panamá implica un gasto extra que puede alcanzar los 800 dólares para la ida y otro tanto para la vuelta.
Para todo tipo de movilidad motorizada es necesario el registro internacional para conducir y los permisos de internación de los vehículos.

El transporte público es el más popular de los modos de movilidad para los viajeros. No considerado al avión como medio idóneo para conocer en profundidad un territorio, los transportes terrestres y acuáticos se disputan la supremacía según zonas.
Los buses, combis y autos de alquiler se dividen el mercado terrestre. En Argentina, Uruguay, Chile, Brasil y México los servicios suelen prestarse con unidades en muy buen estado, con rutas y horarios preestablecidos, seguro y papeles en regla, lo que encarece enormemente el precio de los pasajes en relación a los demás países.
En Brasil agrava la situación el que muchas zonas presenten servicios monopólicos. En Chile el precio de los pasajes fluctúa en forma permanente según la demanda, por lo que en épocas de baja temporada es aconsejable sacar los tiquetes antes de partir y en temporada alta con suficiente anticipación. En Argentina hay servicios tipo charter, con unidades más viejas y salidas diarias como los que van del barrio de Once en Buenos Aires hasta Salta y Jujuy u otros con destino Posadas y Formosa. Sirven mayormente a inmigrantes de Bolivia, Perú y Paraguay y el precio de los pasajes se ubica en la mitad del de los servicios oficiales que salen de la terminal.
En el resto de los países el lugar menos aconsejable para tomar un bus es la terminal, si es que existe, pues allí es el lugar donde se pagarán los pasajes más caros. Abordar el bus unas cuadras después de la salida siempre significará un ahorro de dinero y si se lo hace a mitad de camino de una unidad que haya partido desde una ciudad más lejana, el precio lo puede poner el pasajero. En Bolivia, Perú y Ecuador el bus está siendo reemplazado por unidades de menor tamaño, como vans y combis e incluso autos particulares sin ningún tipo de permiso, que realizan viajes de rutina entre dos puntos elegidos. En Venezuela estos últimos prácticamente han copado el mercado del transporte.
En Centroamérica las distancias son mucho menores y los costos del transporte dejan de ser tan onerosos como en Sudamérica, esto ayudado por una abundante oferta. El servicio de la empresa Ticabus une la ciudad de Panamá con Tapachula, México, a través de seis países, con una duración de dos días y medio y un costo de 157 dólares. Realizar el recorrido con buses locales haciendo trasbordo en las fronteras reduce los costos a la mitad, aunque duplica el tiempo. En México los precios de los pasajes en los buses oficiales con servicio de primera son los más caros de Latinoamérica por km. recorrido. Ir en bus desde la frontera con Guatemala hasta la frontera con E.E.U.U., pasando por el Distrito Federal, tiene un costo de 220 dólares. Afortunadamente existen servicios de segundacategoría, muy aceptables, que reducen esos costos a menos de la mitad y unen todas las ciudades importantes.

Podemos suponer, según el tipo de unidad, camino y topografía, un ritmo de viaje que varía enormemente de tramo en tramo.
En promedio, podemos darnos una idea según los siguientes parámetros:
Caminos de tierra en zonas de montaña: 30 Km./h.
Caminos de tierra en zonas planas: 40 Km./h.
Rutas asfaltadas en zonas de montaña: 50 Km./h.
Rutas asfaltadas en zonas planas: 60 Km./h.
Autopistas en zonas de montaña: 70 Km./h.
Autopistas en zonas de montaña: 80 Km./h
Cruzar las áreas urbanas de las grandes ciudades es en general mucho más lento. No es de extrañar que uno tarde hasta 2 o 3 horas en llegar al centro de la ciudad de México desde sus periferias.

El tren como medio de transporte casi ha desaparecido del continente. Solo en Perú, Bolivia, Cuba y Argentina existen tramos con comodidades para pasajeros. En otros países como México, Panamá y Ecuador solo hay servicios con fines turísticos y en el resto es prácticamente inexistente.
En Perú se puede ir en tren desde Huancavelica a Huancayo, de Puno a Cusco y de allí a Aguascalientes.
En Bolivia hay tres servicios. De Oruro a Villazón en el altiplano y desde Santa Cruz de la Sierra a Puerto Quijarro o Yacuiba, en las respectivas fronteras con Brasil y Argentina.
En Cuba, la isla es atravesada por el ferrocarril desde La Habana a Santiago, con ramales secundarios.
En Argentina, de los 40 mil km. de su antigua red quedan en funcionamiento solo unos 7 mil. Los trayectos principales son desde Buenos Aires a Tucumán, Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Mar del Plata. También se puede ir de Viedma a Bariloche.

El barco es el medio de transporte indicado en la Amazonia, la Patagonia chilena y para cruzar de Colombia a Panamá. En viajes de más de un día suelen incluir las comidas. En muchas áreas donde las carreteras no llegan, el barco se hace imprescindible. Allí donde hay un río navegable siempre hay una embarcación esperando llevar a quien este dispuesto a pagar un precio que variará según la oferta y la demanda, por lo que agruparse y compartir viajes es la mejor manera de ahorrar.
Ir de Yurimaguas o Pucallpa a Iquitos en Perú y de allí a Manaus o Belem en Brasil es la mejor manera de vivir la navegación fluvial en el continente. También se puede ir de Porto Velho a Manaus por el río Madeira y por el río de La Plata, de Buenos Aires a Colonia y Montevideo.
Innumerables ríos y lagos son surcados por pequeñas embarcaciones en trayectos cortos.
La navegación marítima está más desarrollada en el sur de Chile, con trayectos de Puerto Montt a Chiloé, Puerto Aisen y Punta Arenas y para cruzar de Colombia a Panamá. (Ver en seguida “el caso del tapón del Darién”) También hay ferries en México, desde Baja California a Mazatlán y Topolobampo, en Venezuela hacia Isla Margarita y en Nicaragua desde Bluefields a las Islas del Maíz.
Los archipiélagos de Bocas de Toro y San Blas en Panamá, como las Islas de la Bahía en Honduras y la Riviera Maya tienen una compleja red de lanchas que sirven a la interconexión de islas. Lo mismo ocurre en la Patagonia chilena.
A la fecha no hay servicio de barcos para pasajeros ni a la Antártida, ni a la Isla de Pascua, ni de México a Cuba. Pero esos tres trayectos, entre otros que tampoco ofrecen servicios regulares, pueden hacerse conversando en persona con los capitanes de cargueros, naves militares o yates privados. Prácticamente no hay límites para quien se decida por esta última manera de viajar. Se puede seguir camino, por ejemplo, desde Isla de Pascua a la Polinesia, de Panamá al sudeste asiático, de las Antillas a Europa o de Brasil al África.

trenes y barcos

Algunos costos de transporte

-Balderrama Bus desde Buenos Aires a Jujuy, Argentina, 30 dólares.
-Flota Copacabana desde Santa Cruz a Cochabamba, Bolivia, 5 dólares
-Bus desde Cali a Medellín, Colombia, 20 dólares.
-Ticabus desde Panamá City hasta Tapachula, México, 157 dólares.
-Barco desde Porto Velho a Manaus, incluye 7 comidas, 60 dólares.
-Bus Fapsa desde Tapachula al DF, México, 40 dólares.

Para muchos viajeros cruzar de Colombia a Panamá o viceversa es el gran dilema. La Panamericana está interrumpida en el tramo de la serranía del Darién y no existe ruta terrestre que comunique ambos países. Existen cinco alternativas comprobadas para cruzar la frontera en ambos sentidos, a saber:
– En barco por el Pacífico, de Panamá a Buenaventura o viceversa.
– En barco desde Cartagena a Colón o Portobello.
– En lancha por Turbo y Capurgana y avioneta desde Puerto Obaldía a Panamá.
– En velero desde Cartagena al archipiélago de San Blas
– En avión de Medellín o Bogotá a Panamá.
La primera, en barco por el Pacífico es la más barata y riesgosa. Se parte del puerto de Buenaventura hasta Juradó y desde allí en otro barco a Panamá, a veces con escala en Jaqué. Puede ocurrir que uno quede varado en alguno de los puertos por unos 15 días o más a la espera del viaje.
La segunda, en barco carguero desde Cartagena a Colón o Portobelo, es impredecible en tiempos y costos. Hay experiencias de viajeros que esperaron solo un par de días y otros que estuvieron un mes y no pudieron viajar.
La tercera implica un viaje de tres días como mínimo con un costo de 200 dólares, con el incentivo de recorrer paisajes absolutamente paradisíacos y solitarios. Por cuestiones de costos y tiempos es muy recomendable, aunque a priori parezca más insegura.
La cuarta, ir en velero desde Cartagena al archipiélago de San Blas es una opción cara, a partir de los 300 y hasta los 550 dólares. Por último, el tiquete aéreo entre Medellín o Bogotá y Panamá suele costar un mínimo de 350 dólares, con la obligación de sacar pasaje de ida y vuelta por requerimientos migratorios en el caso que la ida sea hacia Panamá.

En todo caso, no olvidemos que nuestro ritmos es el de nuestros pies, por algo la naturaleza no nos puso rueditas.

Pollos en Abancay, Perú.

 

QUÉ COMER

Si hay algo que demuestra la resistencia a la globalización es la variedad en la comida. Afortunadamente en gran parte de América Latina los locales internacionales de comidas rápidas son una anécdota.
Paralelamente cada país, cada región y hasta cada pueblo cultiva el arte culinario con miles de variaciones y sazones. Saber aprovechar esa riqueza contribuirá a hacer del viaje una experiencia inolvidable.
En América Latina son mucho más numerosos los pueblos en los que no se cena. En ellos, el desayuno rivaliza con el almuerzo como la comida más fuerte del día. Caldos, frituras o presas de cerdo o pollo integran invariablemente el primer plato de la jornada.
Si de razones económicas se trata, en Argentina, Chile y Uruguay es aconsejable cocinar. En estos países no está muy desarrollada la cultura de comer en la calle y sentarse en un restaurante tiene un costo más elevado que en los demás países. Cocinar en grupo abarata los costos. No ocurre lo mismo en los demás países. El menú o almuerzo, es la manera más barata de alimentarse bien en los países andinos. Consiste en un plato de entrada que es invariablemente caldo y un segundo, “seco”, con arroz y alguna presa de carne en sus variedades, más un vaso de jugo o agua de panela.
En Panamá son una buena opción los restaurantes chinos, mientras que en Costa Rica es una odisea comer con bajo presupuesto. Uno termina comiendo bananas. Desde Nicaragua hacia el norte hace su aparición la tortilla, de harina de maíz o trigo. Reemplaza al pan y toda comida económica girará en torno a ella. Desde las pupusas salvadoreñas y los tacos hasta los burritos del norte de México estarán envueltos en tortillas. En este último país los niveles de picante son realmente asombrosos.
En todos los casos, comer lo mismo que come la mayoría de la gente no solo abaratará costos sino que enseñará mucho a uno sobre las costumbres de cada país. Intentar comer en otros países lo mismo que uno come en casa es algo que se paga caro y genera innumerables inconvenientes. A excepción de Argentina, Chile o México, los supermercados están orientados solo al público de alto poder adquisitivo, por lo que la idea de abaratar costos comprando en ellos es errónea.

Algunos precios para comer, en dólares:

Plato de tallarines más gaseosa en Jujuy, Argentina: 4,50.
Entrada y majadito con refresco en Guayaramerín, Bolivia: 1,40.
Lomito con refresco en Calama, Chile: 7.
Menú completo en Piura, Perú: 1,40.
Tres pupusas y refresco en San Salvador: 1,50.
Orden de tacos y refresco en México DF. 2,90.

El veganismo es difícil para el viajero acostumbrado a la comodidad. La carne, aunque en escasas cantidades, está presente en la mayoría de los menús de América Latina. Por su parte, los restaurantes de tipo vegetarianos son casi inexistentes y si los hay, no son precisamente de bajo presupuesto.
La opción recomendable para quienes quieran evitar comidas de origen animal es la preparación propia.

En el presupuesto de alimentación la bebida influye en alto porcentaje. En climas cálidos en mayor medida. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud de beber al menos dos litros de líquido diarios implicará un costo relevante si no se opta por el agua corriente. Las pastillas purificadoras sirven para emergencias, pero su costo las hace inconvenientes para el uso diario.

La cerveza es la bebida con alcohol más popular y extendida y en concreto, la única que se puede hallar en todas partes. Se presenta en latas o botellas desde los 330 cc hasta 1,25 litros. Su costo es similar en todo el continente.
El vino, en cambio, es un lujo fuera del cono sur y la variedad y calidad dista de ser aceptable a precios razonables al norte del trópico de capricornio.
El ron en Centroamérica y el Caribe, el tequila y el mezcal en México, así como la caipirinha en Brasil y el pisco en Chile y Perú son tragos populares y de precio accesible.

Carpa individual en Amazonia.

DÓNDE DORMIR

Intuitivamente, lo primero que el viajero analiza al llegar a una ciudad, pueblo o paraje es si el lugar vale la pena para quedarse o no. Dada las circunstancias, muchas veces es conveniente hacerlo más allá de los atractivos, por cuestiones horarias o de movilidad. En todos los casos, buscar alojamiento es lo primero que se nos ocurre. Según el presupuesto ello puede significar una ronda por instituciones civiles o humanitarias o simplemente buscar un refugio o un hospedaje pago.

Si la opción es la primera, los bomberos, la policía y en menor medida los cultos religiosos son la mejor opción para dormir sin pagar, aunque crece la modalidad de contactar previamente por Internet, a través de grupos especializados a tal fin, a gente dispuesta a compartir su casa. Esta posibilidad, como a través de Couchsurfing, aunque interesante, condiciona en tiempo y formas la espontaneidad y libertad de los itinerarios, algo que para un viaje largo y de bajo presupuesto es desaconsejable.
Si se decide de antemano no pagar alojamiento, resultará conveniente hacer escalas en pueblos pequeños o parajes naturales, donde además de haber mayor seguridad será más fácil entablar relación con gente dispuesta a ayudarnos. Es probable que al parar allí donde rara vez acampe un viajero, todos a nuestro alrededor hablen de nosotros, tomen nuestro problema como propio y nos hallen un lugar para dormir a gusto.
Si bien una carpa se puede poner en toda América Latina, el clima hace que no sea aconsejable en determinadas zonas. Noches que promedian los 20 grados hacen más aconsejable dormir en hamaca.
Todas las playas en México son de propiedad pública. Se puede acampar libremente en ellas.
Dormir en estaciones de buses o trenes, estaciones de servicio o simplemente a la intemperie habrá de evaluarse cuando no haya alternativas.

Si la opción que se busca es de pago, Las condiciones y costos del alojamiento varían mucho según el país. En el cono sur (Argentina, Chile, Uruguay e incluso Brasil) el camping organizado es la opción más económica.
Los hostales están extendidos por todos los lugares turísticos de Latinoamérica a excepción de Venezuela (donde sólo hay un par en Caracas e Isla Margarita) Con habitaciones compartidas, baños comunes e instalaciones para cocinar, parecen la opción más aconsejable en lugares muy turísticos como Buenos Aires, Cusco o Cartagena.
Cuando se trata de pueblos o ciudades no tan turísticas, siempre hay residenciales o pensiones con costos menores al de los hostales. La ubicación de los mismos siempre se da en grupos cerca de los mercados o las terminales de transporte regionales.
En muchos de los residenciales de Bolivia y Perú existe lo que se denomina alojamiento colectivo; son varias camas en una habitación que se habilitan solo a partir de las 6 de la tarde y hasta las 6 de la mañana y tienen un costo de aproximadamente la mitad que una cama en un cuarto simple.
Conseguir alojamiento por menos de 10 dólares la noche es casi imposible en Brasil y Venezuela, por lo que en estos países se recomienda pedir alojamiento en organismos públicos. El caso de Venezuela es delicado. A la ausencia de alojamiento económico se suma la cuestión de la falta de seguridad para acampar en los centros urbanos, aunque no ocurre lo mismo en las playas. Por ello si se quiere mantener un presupuesto acotado, la mejor opción parece ser pedir en las casas un lugar para armar la carpa o tirar la bolsa de dormir.
En un viaje a través de América Latina el costo del alojamiento resulta generalmente mucho menor a lo que la gente acostumbrada a vacacionar 15 días supone. En efecto, los precios de temporada en enclaves turísticos, comúnmente publicitados, suelen ser varias veces superior a los que encontrará a su paso quien vaya de pueblo en pueblo por los Andes, la Amazonia o Centroamérica.

Algunos precios de alojamientos económicos, en dólares, por día:

-Hostal en Humahuaca, Argentina: 3
-Residencial en Abancay, Perú: 2,50
-Pensión en Huaraz, Perú: 2
-Posada en Cuenca, Ecuador: 2
-Casa indígena en Riobamba, Ecuador: 1
-Alojamiento en Cali, Colombia: 3
-Hostal en Panamá City, Panamá: 5
-Residencial en Tapachula, México: 7

Casa de cambios en México DF

EL DINERO

Viajar con bajo presupuesto es algo que se aprende viajando. Por ello, es lógico que en los primeros viajes el dinero sea algo importante. No se recomienda llevar mucho efectivo encima. Además del riesgo de robo, el tener mucho dinero consigo condiciona las decisiones del viajero, impidiendo que uno vaya tranquilo por lugares difíciles.

Generalmente los hoteles y la mayoría de los hostels tienen caja fuerte, pero cuando se decide optar por los alojamientos más económicos esa posibilidad no existe, con lo que estaremos obligados a llevar con nosotros el efectivo.
Si se dispone de ahorros, una cuenta bancaria es aconsejable. Una tarjeta de débito tiene menores costos que una de crédito y sirve a los efectos de poder extraer dinero de manera segura en cualquier parte.
Pero cuando lo que se busca es ahorrar, el uso de las tarjetas condiciona las opciones. Tanto en alojamiento, comida y transporte, que constituyen casi la totalidad del gasto, los mejores precios se encontarán pagando en efectivo.
El dinero electrónico ha dejado en desuso los cheques de viajero. Para quienes no cuenten la posibilidad de tener una tarjeta, pero sí cuentan con ahorros, que un familiar envíe dinero periódicamente es la mejor opción.

Trabajar es una opción, Para quienes no disponen de ahorros y van generando su ingreso a medida que viajan es bueno tener en cuenta que hay países entre los que los salarios, así como sus trabajos artesanales o productos serán valuados de manera muy distinta que en otros. Para ellos y para los artistas callejeros es importante saber que en Panamá, Venezuela, Brasil y Perú podrán tener ingresos superiores a sus gastos, pero que en países como Bolivia, Chile, Colombia, Honduras o El Salvador eso será más difícil. En Argentina o México dependerá de que el lugar en que se encuentran sea turístico o no.
Trabajar legalmente en los países de América Latina es para los extranjeros un propósito que excede las posibilidades temporales de la mayoría de los viajeros. Los trámites suelen ser en extremo burocráticos y llevar más del tiempo previsto.
Sin embargo, es común entre los viajeros trabajar ilegalmente por períodos cortos, con pagas inferiores a la de los trabajadores registrados, lo que incentiva al empleador.

Las monedas y el cambio entre ellas debe tomarse como una cuestión importante. En El Salvador, Panamá y Ecuador el Dólar de USA es moneda oficial. En Venezuela existen valores paralelos del dólar, lo que genera un gran inconveniente por el cual no es aconsejable cambiar en bancos o instituciones oficiales ni comprar con tarjeta. Además, para ciudadanos de ambos países será necesario salir de su territorio llevando dólares en papel, aún cuando deban comprarlos a un precio mayor, ya que bolívares fuertes no son fácilmente aceptados fuera de sus fronteras.
En las fronteras suele obtenerse la mejor tasa de cambio. Nunca se debe guardar moneda de un país para venderlo en otro, mucho menos si no es en un país limítrofe. En este caso se perderá al menos el 20 % del valor. Siempre es aconsejable comprar dinero del país al que se va a entrar antes de cruzar la frontera. El remanente es aconsejable mantenerlo en dólares. En los países en los que el dólar no es moneda corriente, se exige un estado óptimo de los billetes o se paga menos si están dañados. Tener presente esta situación sobre todo en Perú y Bolivia.

Contrariamente a lo que se cree, en un viaje extenso y duradero se puede gastar menos dinero que en uno corto y fugaz.
Las estadías prolongadas reducen los costos de transporte y el transporte es un alto porcentaje del costo. Por ejemplo, para un argentino, un viaje de un mes a Bolivia y Perú puede costar menos que una quincena en la costa Atlántica. Lo mismo sucede para un mexicano si recorre Centroamérica en lugar de permanecer en Cancún.
El viajar por distintas economías permite tomar de cada una lo conveniente y evitar lo costoso, opción vedada en las vacaciones a un punto fijo. El viajero que recorre América Latina seguramente se preguntará como es posible que un mismo producto tenga precios de hasta cinco veces más en un país que en otro.
Disponer de tiempo para decidir como y donde gastar el dinero es una ventaja apreciable.

Presupuesto y gasto por país

Es posible en base a algunos cálculos sencillos tener un estimado de gasto diario, según el país. Experiencias recientes de viajeros por América Latina dan las siguientes cifras de gasto promedio, en dólares por día:

-Argentina en carpa y a dedo 8
-Bolivia en residenciales y en bus 7
-Paraguay en carpa y a dedo 6
-Perú en residenciales y a dedo 5
-Ecuador en albergues y a dedo 5
-Colombia en residenciales y bus 9
-Brasil en carpa y a dedo 12
-Venezuela en carpa y a dedo 4
-Panamá en hostales y en buses 12
-Nicaragua en residenciales y bus 6
-El Salvador en residenciales y bus 8
-Guatemala en residenciales y bus 9
-México en residenciales y dedo 10

En la mayoría de los países es aconsejable el regateo, aunque en algunos, como Bolivia, Colombia o Venezuela es obligatorio, ya que el precio inicial suele estar sobre valuado en un alto porcentaje.

Niño indigente en Santa Marta, Colombia

 

OTROS CONSEJOS

Se puede tomar agua corriente en la inmensa mayoría de las ciudades y pueblos de Latinoamérica. Aunque no lo hagamos directamente del grifo lo estaremos haciendo en jugos y preparados que ingiramos. En las costas del caribe no es sencillo conseguir agua potable de red. Contrariamente a lo que supone quien poco ha viajado, las oportunidades de tomar baño y asearse no son difíciles de hallar a lo largo del camino, ya sea de fuentes naturales, en estaciones de servicio o gracias a la hospitalidad de la gente. Llevar un jabón y un shampoo favorece las cosas. Lavar la ropa sí suele presentar más inconvenientes, mas por el secado, que necesita de un tiempo que muchas veces por el clima y los tiempos de viaje, no tenemos.
La diarrea del viajero y la gripe son dos males comunes al viajar. La primera es consecuencia de la adaptación de nuestro organismo a las diferentes bacterias de cada lugar. La segunda es frecuente por el cambio de climas a los que nos exponemos al trasladarnos. Llevar medicamentos para ambas es aconsejable. Llevar un buen antimicótico también, ya que estar expuesto a hongos o herpes es común. Al viajar, son muchas las horas de exposición al sol. Hacerlo sin protección traerá consecuencias.

Los hospitales de Argentina y Venezuela atienden a ciudadanos de cualquier país de manera gratuita, pero tener un problema de salud en otros países implica un gasto importante de dinero. Contratar un seguro de salud por el lapso del viaje es, sin embargo, algo que pocos viajeros hacen.

La web del Ministerio de Salud tiene un apartado para viajeros.

La vacuna de la fiebre amarilla es en teoría exigida por varios países al ingresar, tales como Brasil, Venezuela, Colombia, Panamá y Costa Rica, pero en realidad ese control es esporádico. El riesgo de contraer la enfermedad, de no estar vacunado, es real. Sin ser exigidas, las vacunas contra la malaria y la hepatitis son una buena precaución.

Fumar cigarrillos en lugares públicos cerrados es una costumbre que está mal vista en toda la región, aún en aquellos pocos espacios que no han impuesto la prohibición. Salvo en las grandes ciudades del cono sur, en todas partes se podrá comprar cigarrillos por unidad.
El consumo de la marihuana continúa su camino hacia la despenalización en el sur del continente, mientras es tolerado por la policía. No ocurre lo mismo en los demás países, donde su simple tenencia será causa de encarcelamiento.
Respecto a las drogas duras, además del daño físico y mental que provocan, son para el viajero el mayor riesgo hacia la odisea inimaginada de los vericuetos de las fuerzas de seguridad de un país ajeno, cuya salida factible es la puerta abierta a la deportación.

La mayoría de las personas que postergan su decisión de salir a recorrer América Latina lo hace esgrimiendo la razón de la falta de seguridad. Sin embargo, quienes han viajado afirman que dicha cuestión en nada es un impedimento para emprender el viaje. Es, esgrimen, un factor que está distorsionado por los medios de comunicación. No existen mayores problemas de seguridad para cruzar Latinoamérica en 2016.
Por lo general la seguridad es aceptable, con mucha presencia policial. Si bien en varios países las instituciones de seguridad no gozan de buena fama, dicha fama ha sido ganada por el trato que dan a sus conciudadanos. En cambio, su accionar ante el extranjero y en especial ante el viajero es mucho más respetable. Sin embargo, la corrupción policial es algo culturalmente aceptado en todo el continente, a excepción de Costa Rica, Colombia y Chile.
Otra cosa es lo que se ve en televisión y se lee en los diarios. Para la venta de servicios, crear sensación de inseguridad es un buen negocio. El impacto que produce el comentario de una víctima en vivo y en directo rivaliza con la atención a las mejores telenovelas. Dejarse llevar por ese grado alarmante de sensacionalismo no conduce a una percepción adecuada de la realidad.

Sin embargo existen situaciones localizadas en Colombia, Panamá y México, donde las actividades relacionadas al narco terrorismo hacen aconsejable evitar ciertos territorios.
Respecto a las zonas calientes en los países antes mencionados, son perfectamente evitables, solo basta con informarse de la situación en el momento del viaje.

La seguridad urbana tiene zonas de riesgo. Aún así, la imagen supuesta de indigentes tratándonos de alcanzar a nuestro paso con el fin de dejarnos como dios nos trajo al mundo que quisieran reproducir los medios de comunicación, no puede estar más alejada de la realidad. Sin embargo pueden presentarse a menudo cuadros de extrema pobreza.
No ostentar alhajas o ropa de marcas muy caras, caminar con seguridad y confianza, evitar tumultos y no descuidar o separarse de las pertenencias alcanzará para andar seguro durante las horas diurnas por casi todas las ciudades de América Latina.
Uno puede sorprenderse como a su lado, en un mercado o zona populosa, un comerciante o cliente puede estar contando el equivalente a cientos e incluso miles de dólares con total tranquilidad ante el paso de los transeúntes.
Si alguien se nos acerca, será con mucha probabilidad una persona curiosa, deseosa de entablar una conversación, preguntarnos de donde somos y adonde vamos y mostrarse dispuesto a ayudarnos en lo que pueda o invitarnos un café.
De todas formas, evitar cualquier discusión y alejarse de personas alcoholizadas forma parte del abc de la seguridad del viajero.
La existencia de pandillas en sectores marginales de El Salvador, Honduras y Guatemala es un factor a tener en cuenta, aunque las mismas no tienen en los viajeros un objetivo premeditado. No ocurre lo mismo con los arrebatadores en las ciudades más grandes, incluidas en primer orden Caracas, San Pablo, Lima, Río y Buenos Aires, donde sí ser foráneo nos pone en condición de desigualdad.
Pero el tema de la seguridad es hoy por hoy una preocupación que se vive más durante la rutina del día a día, cuando uno está obligado a ciertos itinerarios, que durante el viaje, cuando uno tiene la total libertad para escoger como, cuando y por dónde seguir su camino. De hecho es probable que sea una preocupación que con el correr de los días vaya menguando hasta minimizarse.

Mientras cada vez más mujeres se aventuran a viajar en soledad, el machismo sigue muy arraigado en la idiosincrasia latinoamericana. Pero existe un cambio en la actitud de los hombres frente a las mujeres que viajan solas, que varia de la intolerancia a la admiración. Esto implica en ocasiones numerosas ventajas para aquella que lo sabe aprovechar. La galantería puede traducirse en invitaciones a desayunar o almorzar sin que un mayor interés se manifieste, aunque exista.
Saber mantener esa delgada línea divisoria de manera clara es algo que para recorrer América Latina una mujer debe aprender.
Julieta Mateos ya perdió la cuenta de los meses que hace que está viajando. Consultada al respecto nos dice:

“Soy mujer y soy consciente que las diferencias de género algunas veces son más importantes que otras, sobre todo cuando se recorren culturas diferentes, desconocidas para quien viene del sur, en donde se defiende la lucha de género y a la vez se aboga por un androginismo quizás ficticio.
Ser mujer y recorrer Latinoamérica es una aventura. Preparate para aguantar piropos que no son tales, para soportar miradas que te calan los huesos y chistidos que pretenden que te des vuelta y vayas a los brazos del silbador. Si decidís hacer dedo, mochila al hombro, sabé por ejemplo que en Brasil las prostitutas suelen trabajar en la ruta, así que si estás sola pidiendo la carona (dedo) es probable que, a pesar de tu mochila, el camionero te confunda con una de ellas. Te aconsejo buscarte un compañero o compañera de ruta para evitar malos entendidos.
Portar un par de tetas te facilite conseguir quien te lleve, que te regalen comida, e incluso que te hagan descuentos. Queda en vos y en el feminismo interno que todas poseemos aceptar esos regalos o rechazarlos en nombre de la emancipación.
Por último, es aconsejable despojarse de todo tipo de cosméticos y boludeces femeninas que el sistema te dice que debés usar. LLevate solo un shampucito, un jabón, quizás una crema humectante, la pincita de depilar, el espejito y nada más. Olvidate de cargar con pinturas, esmaltes, quitaesmalte, algodoncito, gasas, incluso deja las toallitas femeninas y los tampones y si te animás, investigá un poco sobre la copita menstrual, antes de largarte a la aventura. Y ¡Bon voyage!”

Una cuestión que ha cambiado para bien las formas de viajar, es la de la comunicación. Si en mucho se nota el avance tecnológico de los últimos años es en su avance. Estas han eliminado en mucho la sensación de aislamiento que vivía el viajero hasta no hace mucho tiempo. En el más remoto rincón de los Andes habrá una antena erguida y un celular comunicando. Es posible estar navegando los confines del Amazonas y estar hablando por teléfono móvil. Llevar un teléfono móvil liberado y adquirir un chip para comunicaciones locales en los distintos países permite estar comunicado con el entorno a muy bajo costo. Pero en la práctica y salvo que contemos con amigos locales, son pocas las veces que nos comunicaremos de esa manera. Hablar a teléfonos fijos desde locutorios es la forma más económica de comunicarse con familiares y amigos lejanos.

Internet ha transformado la manera de viajar. Permite llegar a la información de una manera antes imaginada. Pero no habrá de creerse que Internet lo soluciona todo. Sigue siendo aconsejable, más fácil y rápido, a la vez que una mejor experiencia, preguntarle a quien se tenga enfrente por un camino, alojamiento o lugar para comer. El contacto con la gente latinoamericana es casi siempre ameno, gratificante.
De esta manera internet, que había sido útil antes de la partida para acercarnos al conocimiento de los lugares a visitar, durante el viaje deja de ser un medio para recibir información, invirtiéndose nuestro rol de receptores en informantes y pudiendo compartir así a la distancia nuestras fotos y comentarios a través de la web.

Por último, y en cuanto a las cuestiones climáticas, viajar significa que andaremos por una amplia variedad de climas. Además esa variedad puede ser repentina, pasando en cuestión de minutos del frío al calor intenso.
Es errónea la noción de que simplemente hace más calor cuanto más nos acercamos al Ecuador y más frío cuanto más nos acercamos a los polos. La altitud es un factor decisivo para las temperaturas. Por ello algunas cumbres de la mitad del mundo tienen nieves eternas.
Pensar los climas desde la clasificación de montaña, costa y selva es una manera sencilla de prever las condiciones que deberemos enfrentar.
No existe una determinada época del año para realizar el viaje con clima más benigno, ya que la ventaja en una zona será desventaja en otra. Pero el invierno en la Patagonia o la época de lluvias en la Amazonia no son aconsejables, lo mismo que el verano en el norte de México, donde las temperaturas han llegado a alcanzar valores cercanos a los 50 grados.

El grado de confort y con ello de disfrute depende en gran medida de los factores climáticos. Una experiencia fabulosa puede malograrse en condiciones de temperatura o humedad extremas.
Las oscilaciones térmicas son de mayor amplitud cuanto más nos alejamos del ecuador y cuanto más seco es el clima.

Todo el material escrito y gráfico de ésta entrada ha sido escrito por el autor de éste blog en base a la experiencia de más de veinte años de viajes. Sin embargo, hay una manera de viajar por cada viajero, por lo que el mismo debe ser tomado en cuenta solo como un punto de vista. Para utilizar parte o el total de este material, citar Camino a Veritvania con link al blog.

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