QUÉ ES VERITVANIA

Para el hombre primitivo lo cotidiano y lo fantástico se entrecruzaban estableciendo unos espacios enigmáticos donde, a través de la persistencia de los sueños, los hechos encontraban caminos que podían conducirlo tanto a la serenidad como al extravío, sin que ello significara una contradicción.

Seguramente habrás escuchado alguna vez decir que hay situaciones y momentos en la vida en los que es mejor perderse que encontrarse. Para muchas personas resulta una metafórica forma de escapar ante un apremio o incomodidad.
Pero ¿qué sucede cuando uno desea salir del modo seguro por curiosidad o simplemente por placer?
Lo primero que se me ocurre como respuesta a la pregunta formulada es traer el ejemplo de Saturno, por aquello de ir siempre en sentido contrario a los demás, pero no desde los conceptos de la astronomía, ni desde la física, sino desde la psicología. Todos parecen ir en un sentido, unos pocos, en otro. Imaginemos por un momento entonces que podemos hablar con Saturno, a ver si él puede aclararnos un poco el panorama. Cada opinión suya sería una fuente de polémicas sorpresas basadas en el simple artilugio de pensar distinto, con su criterio opuesto al sentido común en el que descubrimos, sin embargo, una coherencia intachable, una esencia de otro planeta que nos da una perspectiva distinta de como ver nuestro mundo. Desde dicha perspectiva éste se ve habitado por una masa bastante uniforme de seres mediatizados, educados para responder de manera igual ante cada circunstancia, con el único fin de simplificar las leyes de la convivencia y economizar en el sentido más amplio de la palabra. Seré breve y no me extenderé en el análisis de estos conceptos, que, confío, cada quién podrá hacer por su cuenta. Me alcanza con decirles que desde la perspectiva de Saturno hallaríamos la excepción a la regla de la obviedad festejada como hallazgo y que entonces para mí, conencido, hallar pasa a significar solo la pérdida de una búsqueda.

EL MUNDO CHIQUITO

Claro que Saturno somos pocos. La mayoría de los mortales gira en el sentido que le enseñaron a girar como trompo desde chiquitos, sin haberse detenido a pensar ni siquiera para que lado están girando. Es probable que tanto girar y girar maree y por cierto no lleve muy lejos, por lo que cada quién se va acostumbrando a ver una y otra vez a su alrededor como un lugar destinado, donde lo conveniente se reduce a buscar comodidad y seguridad. Luego, todo lo que queda a una distancia mayor ya sea real o imaginaria, se torna entonces extraño y peligroso, incómodo e impredecible y desde allí la decisión de sedentarse, tomada como única opción, natural, obvia, incuestionable. Es así como los seres humanos suelen aferrarse a su mundo chiquito, familiar, quieto, en el cual pueden desenvolverse aún “mareados”, sin animarse a lo desconocido, más allá de alguna que otra escapada a la que juzgan “una aventura”.

LA NECESIDAD DE SOÑAR

Pero todos sabemos que no siempre ha sido así. Para el hombre primitivo lo cotidiano y lo fantástico se entrecruzaban estableciendo unos espacios enigmáticos donde, a través de la persistencia de los sueños, los hechos encontraban caminos que podían conducirlo tanto a la serenidad como al extravío, sin que ello significara una contradicción. Lo que para cualquier mortal de hoy sí lo es. Para aquél, ambas situaciones podían ser afines, incluso concluyentes. Ésto lleva a creer que la necesidad de soñar es de mayor trascendencia que la que en nuestros días se le asigna. La historia de la interpretación de los sueños data del año 3000-4000 A.C. Estas interpretaciones y el significado de los sueños se documentaron en tabletas de arcilla, que afirman que las personas eran incapaces de distinguir entre la realidad y el mundo de la imaginación. No solamente veían a éste como una extensión de aquella, sino que también para ellos, el reino de los sueños era un mundo más poderoso.

Imaginemos entonces a un ser primitivo, no erosionado, limpio. Un tipo de otra época, poderoso. Quizás un habitante de Saturno, un ser confiado, decidido, en libertad, que sin dudas recorrería el mundo sin miedo. En contraposición, los hombres de hoy, se nos figuran terriblemente frágiles, prisioneros en una celda por ellos mismos construida, necesitados de límites, lo que es un atroz sinónimo de seguridad.
Para sentir libertad es necesario soñar y desde esa libertad el mundo de los sueños puede verse como un lugar real al cual el espíritu y el alma van a visitarnos, proponiéndonos un camino infinito por seguir hacia ninguna parte, en paz hacia nosotros mismos. Por el que es mejor perderse que encontrarse.

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PRESCINDIENDO DE LO PRESCINDIBLE

Decididos a seguirlo, ese camino es nuestro Camino. En mi caso, es el Camino a Veritvania. Hay que prepararse para él. El viajero que va, lleva todo y no lleva nada, o casi, lleva lo menos posible. Lo que parece un detalle es una necesidad cuando se decide hacer de la vida un viaje y no un viaje en la vida. Es necesario itinerar sin tiempo y no es aconsejable hacerlo con la casa a cuestas. Y no estoy hablando de lo que se pone en la mochila, sino de lo que se abandona antes de irse. La tendencia a acumular cosas inútiles es un mal de la era del consumo a la que es difícil decir no. Es un proceso que suele llevar un gran esfuerzo. Los consumidores adquieren y usan; cada vez más lo primero y menos lo segundo. Se está más tiempo detrás de un objeto que delante de él, es el signo de la hipermodernidad. Acumular inutilidades es una consecuencia pesada e indeseada para el viajero, quien a su paso debe encontrar sin buscar y tomar lo útil que hay a su paso, lo que el camino provee.
Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero, decía Antoine de Saint-Exupery. Con algunos viajes de experiencia se llega a la conclusión de son pocas y simples las cosas que hacen falta, pero no falta quien viaja sin mochila, cada quien debe busca su medida de lo imprescindible.

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INICIANDO EL CAMINO

Entonces, llega el momento en que la exacta dimensión de lo real se asemeja a lo imaginario, cuando se parte y los deseos se convierte en pasos. Es conveniente que al iniciar el camino se pierdan las nociones acabadas de tiempo y distancia. Los viajeros deben darse de cuernos con la física y la geometría, superar a los músicos y a los pintores en la creatividad y olvidarse de trabajar con las manos, para no aferrarse, para no dejar huella. La huella alimenta el ego, el ego alimenta la carga.

La noción de distancia se construye desde el pasado, es solo un recuerdo, ya que el presente es estático y el futuro no se puede medir. Olvidar es una buena herramienta para llegar a todos lados.
Por su parte, el tiempo es una idea caprichosa, tan relativa como el estado de ánimo y el azar. Prescindir del tiempo para un viajero, es fácil. Para abandonar el mundo chiquito es necesario perder la noción de distancia y la idea de tiempo. Cerca o lejos, acá o allá, son parámetros que pueden empequeñecerse a la medida de la paciencia.
Por último es importante no llevar con nosotros la carga de la inversión de la lógica. Si somos un poco saturnos, no seremos ni los primeros ni los últimos. En el camino difícilmente chocaremos. Saber, si, que cuando se deja el mundo chiquito ya no se puede volver a caber en él. Por más que se lo intente es imposible. Las extremidades se atrofian y el cerebro se aja, los recuerdos no caben y los espejos mienten siempre la misma imagen. ¿Para qué volver entonces? ¿Para qué encontrarse?
Las respuestas a los grandes interrogantes suelen ser chiquitas. Yo intento encontrarlas, perdiéndose por ahí.

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QUÉ ES VERITVANIA

Hace más de dos décadas tomé una decisión que marcaría el resto de mi vida. Fue un momento inolvidable de una tarde lluviosa de un 3 de Mayo. Con el correr de los años, la llegada de esa fecha comenzó a significar la oportunidad de un espacio para el sinceramiento y el valor, ajustarse al deseo y llamar a los sueños. No todas las personas necesitan un momento premeditado para tomar decisiones, algunas las toman pronto, y otras no las toman nunca.

Veritvania es un lugar que no existe. El término, usado como sustantivo, inicialmente formó parte de una poesía que escribí en 1992. Etimológicamente significa “el lugar de la verdad” del latin veritas y el sufijo ania, que significa lugar. Un amigo lo definió como “ese extraño país donde los sueños confluyen”.

MUNDO EXOTIC

Zarpa el Cantotus tus
desde Veritvania,
y lleva en bodega
un cargamento de muchachas,
a España.

Nacidas en Trajagní,
Deura es gagní;
Hávina canta en berberí
y todas sonríen al sol
que se va a descansar
después de tanto crear.

Oh ! mundo exotic
de humo abahir,
suelo sentir
que soy de allí.

Dos décadas después retomé el vocablo Veritvania para llamar un conjunto de ideas que descreen de la limitación ficticia que separa la realidad de los sueños.

La libertad es aquello que hace posible lo que parecía imposible.

A partir de ello salí a perderme como manera de saciar la infinita curiosidad que el mundo me provoca. Camino a Veritvania es un proyecto de viaje sin final previsto. La excusa de buscar un lugar que no existe hace que el andar pueda ser eterno. Comencé en los primeros días de 2014 finalmente el Camino, con punto de partida en Buenos Aires e itinerario indefinible.
Este blog es el medio elegido para publicar los avatares de la travesía.

Vamos, Camino a Veritvania.

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