De Gantes a Berlin

ETAPA 3 | TRAMO 3 | DÍA 174
Holanda es intenso, casi no da respiro a la vista. De Amberes me llevaron a Roterdam, donde pase la noche. Esta mañana tome un bus hasta Delft y de allí caminé hasta La Haya.
Por primera vez me sentí en el futuro. Tengo la sensación de estar dentro de un mecanismo, una maquinaria diseñada y construida para vivir organizadamente. No sé si los holandeses sienten lo mismo, pero estamos lejos de Veritvania.
Eso sí, hay espacio para el encanto y la belleza. No sé cuándo los latinoamericanos nos vamos a dar cuenta de la necesidad de emparejar la ética con la estética. Mientras tanto nos vamos a seguir fascinando con lo que nos regala Europa.

El mundo es una manzana para comer despacio, eligiendo dónde, dándole besos a la cáscara.

Intentaré avanzar hacia el este, necesito la otra Europa, la que estuvo detrás del muro. Ésta ya la conozco y aún queda mucho por recorrer, Camino a Veritvania.

ETAPA 3 | TRAMO 3 | DÍA 175
20374610_10213655080028206_770087353009352632_nAmsterdam. Llegué a medianoche y buscando donde dormir me encontré con esa calle donde las chicas se muestran en las vitrinas. Un espectáculo que sentí barbárico donde más se pretende civilización. Del ideal a la realidad, hay mucho para contar. Ver desde afuera el Museo Van Gogh, descansar en un parque y caminar bajo la llovizna fue todo lo que pude hacer.

Holanda fue el país más difícil en lo que va del viaje. Conseguir agua o cargar el celular fue una odisea, el autostop no funcionó y dormir en espacios públicos está prohibido en el país que permite la prostitución y las drogas.
A veces hay que dejar que el impulso nos lleve y decidí largarme.
Agradezco a mi amiga Mara, brasilera ella, que puso la solidaridad que caracteriza a los de nuestra parte del mapa y me ayudó a comprar un pasaje a Berlín, dónde llegaré mañana temprano. Estoy cansado y con sueño, necesito un lugar donde recuperar fuerzas, Camino a Veritvania

 

INICIO DEL TRAMO 4
20414038_10213664816431610_9040416245194961590_oEstoy en Berlín, amor a primera vista. Es la ciudad que más me ha gustado de todas las que he recorrido desde que salí de Buenos Aires. Las calles bullen, hay vida, no es un museo a cielo abierto.
La foto es en la Puerta de Brandeburgo, a la que el muro impedía acceder. Ahora entiendo por qué Alemania estuvo dividida, porque Inglaterra se va de la UE y porque en EEUU ganó Trump.
Empieza la cuarta etapa del viaje. Dejo Europa occidental, la zona de confort del Mundo y vamos hacia el este desconocido. Lo malo de la comodidad es quedarse con solo una parte de la historia.
Ahora veo que el viaje ha crecido, que es bueno ver la realidad desde distintos puntos de vista y hacerlo, literalmente con los pies, nos da una perspectiva inigualable.
Tengo por delante todo el territorio del Ex bloque soviético. Acá en Berlín ya he visto las primeras manifestaciones de un mundo diferente. Me siento eufórico, como volviendo a partir, volviendo a parir un nuevo viaje. Estoy muy bien física y anímicamente y ansioso por avanzar. Se vienen muchos viajes en tren a bajo precio, comidas raras e idiomas que no entenderé. Gracias a mi familia y a los amigos de siempre, a los que acompañaron hasta acá, sé que hay muchos que nunca comentan ni ponen me gusta pero están. Los voy a necesitar más que nunca. Vamos Camino a Veritvania.

ETAPA 3 | TRAMO 4 | DÍAS 176 A 180

20374684_10213695372755499_5169813656258097999_nLa libertad es aquello que hace ver posible lo que parecía imposible. Hace cinco días que estoy en Berlín, la ciudad que más me ha gustado de Europa. Empezar el cuarto tramo, oriental, del Camino en esta ciudad, es un regalo del destino.
Cuando llegué llovía a cántaros y no paró. Me mojé todo el día. Pero cuando desde el primer metro una ciudad te enamora, no importa mojarse, ni perderse, ni sentir cansancio.

Pude rehacerme. Conseguí dónde pasar la noche y después Mónica, una amiga, me avisó que acá vivía un amigo suyo de Quilmes.
Hace cuatro días que estoy con NB y Claudia viviendo la capital alemana, paseando en bici y cantando, tomando cerveza y vino y haciendo picnic en cuanto pastito encontramos.

Yo no sé si es bueno vivir de sorpresas, pero esto no lo esperaba. Agradezco a los amigos que ayudan a mi paso, vamos Camino a Veritvania.

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