De Moscú a Kiev

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ETAPA 3 | TRAMO 5 | DIAS 220 A 223

21432809_10214082841721981_6417187993595730387_nDe los últimos doce días, solo cuatro pasé debajo del Transiberiano. Si alguien cree que ocho días en tren es mucho, que me regale un pasaje por ocho días más. 🙂
El viaje de vuelta a Moscú fue en horarios distintos, por lo que conocí las ciudades que a la ida pase de noche. Y esta vez el viaje fue más sociable, compartí tres días con un siberiano. Yo le decía Kasparov, porque me ganó todas las partidas de ajedrez que jugamos.
Mientras va desapareciendo en el mundo y entró en crisis en varios países de Europa, los rusos hicieron del ferrocarril algo admirable. Símbolo de status y poder, cuanto más grande y lujosa es una estación, más orgullo siente una ciudad.

21616031_10214082841321971_160881492864579873_nHoy a la madrugada llegamos a la capital rusa. Despedirme de Kasparov fue la primera de las duras despedidas que estoy teniendo aquí. Me dio toda la comida que le sobró en el viaje, algo muy importante para mi presupuesto de estos días. Cuesta dejar Moscú, como en esos amores fuertes, me da nostalgia de no volverla a ver jamás.
Por eso aproveché el día para volver a los lugares que más quise en la primera visita, de la semana pasada. Mis lugares, los que llevaré en los recuerdos. Cuando llegué aquella vez todo me parecía extraño. Hoy la caminaba y andaba en sus rincones con los ojos cerrados.

El viaje de regreso sigue para el país 19, Ucrania, seguimos Camino a Veritvania.

ETAPA 3 | TRAMO 5 | DIAS 224 Y 225
21761612_10214097026196584_1331747948632640524_nMe gusta Kiev. La capital de Ucrania en algunos aspectos es más parecida a una ciudad de Latinoamérica, que a otras de Europa. Pero tiene una atmósfera vintage, sucia y sofisticada, que la hace distinta.

La calle es acción, pasan cosas. Alguien corriendo y trepándose a un bus, otros comiendo en un puesto callejero. Vendedores por todas partes, y quién cruza en rojo. Por momentos, me parece estar en Buenos Aires, y me sorprendo cuando escucho que hablan en ucraniano, o en ruso.
Quienes estamos acostumbrados a las reglas poco claras, e incumplidas, en lugares como Kiev recuperamos la libertad y la despreocupación que nos quitan las ciudades perfectas. Aquí el roce con la gente, los olores mezclados, los caminos sin señalizar que nos pueden dar una sorpresa, hacen que den ganas de deambular sin rumbo.

Se que hay parques, monumentos y edificios espectaculares, pero en los tres días que llevo aquí, no fui por ellos. Pasé las horas en esos bajofondos donde habita el hombre común, y me la pasé engordando, porque la comida acá tiene los precios más bajos de lo que llevo recorrido, con excepción de Venezuela.

Seguiré en Kiev unos días. Estoy en una pensión de 3€ la noche.

No hay turismo, porque se considera un destino de riesgo debido a la guerra civil, que ya se llevó 6500 vidas.
Pero son estos, los ocultos, los menos reconocibles, los lugares que prefiero, Camino a Veritvania.

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